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viernes, 27 de marzo de 2026

Radiografías de la sociopatía

Teorías de la estupidez


La mayoría cree que la estupidez es un problema de ignorancia visible, casi un defecto reservado a quienes saben poco, hablan mal o piensan peor. Pero esa imagen es demasiado cómoda para ser verdad, porque muchas veces la estupidez no nace de la falta de conocimiento, sino de una deformación más profunda en la manera de juzgar, de convivir, de contenerse y de obedecer. Por eso no siempre aparece en grandes errores ni en escenas escandalosas, sino en pequeños gestos cotidianos que la mayoría ya dejó de cuestionar.

Este análisis reúne veinte hábitos divididos en cuatro tipos muy concretos de estupidez.

Tipo uno: Estupidez de convivencia

Hábito uno: El fila cero disfrazado. Hay personas que no rompen una fila como quien comete una falta, sino como quien corrige una supuesta ineficiencia creada por los demás. Se deslizan de lado, fingen distracción, consultan el celular, esbozan una sonrisa miserable y convierten su pequeña trampa en un gesto de astucia doméstica. No creen estar dañando la convivencia, creen estar demostrando que son más inteligentes que el resto. Y ahí aparece la estupidez crónica. En esa incapacidad servil de respetar una regla mínima cuando nadie los vigila.

El idiota no siempre grita ni golpea la mesa, a veces solo se cuela con elegancia de cucaracha y actúa como si su apuro valiera más que el orden de todos.

Hábito dos: El DJ público. El que pone audios, videos o música en alto en un espacio compartido, casi nunca se percibe como un invasor. Se percibe como alguien auténtico, relajado y sin trauma alguno. Cree que su ruido no interrumpe, sino que simplemente se derrama en el ambiente como si el ambiente fuera una prolongación natural de su capricho.

Esta es una estupidez muy extendida, transformar el gusto propio en obligación ajena y llamarlo espontaneidad. No se trata de volumen solamente, sino del rango moral que se adjudica.

Los que soportan su música, o ruido, quedan reducidos a rehenes auditivos de una intimidad imbécil que no pidieron. Donde debería haber contención aparece exhibicionismo y donde debería haber convivencia aparece una pequeña dictadura ambulante con parlante y autoestima inflada.

Hábito tres: La conversación en altavoz. Hablar por teléfono en un lugar compartido es una forma particularmente grotesca de impudicia moderna. La persona convierte una conversación privada en basura pública y espera que todos lo toleren como parte del paisaje.

No le basta con atender una llamada. Necesita expandirla, teatralizarla, imponerla, como si su urgencia suspendiera por decreto cualquier norma de decencia. Esa conducta revela algo peor que descuido. Revela una mente sin bordes, incapaz de entender que convivir exige reducirse un poco.

El estúpido crónico no reconoce límites invisibles porque ya confundió presencia con derecho. Por eso transforma el autobús, la sala de espera o la fila en escenario. Y encima llama naturalidad a lo que en el fondo no es más que una forma barata de contaminación humana.

Hábito cuatro: La basura invisible. Tirar basura al suelo no siempre nace de la rebeldía, muchas veces nace de algo más bajo y más feo.

La convicción muda de que el deterioro siempre será problema de otro. El vaso, el papel, la colilla, la envoltura, todo cae al suelo con la misma lógica moral de quien ensucia una mesa ajena y se va silbando.

El gesto dura un segundo, pero delata una estructura entera de carácter. Quien ensucia un espacio común está diciendo, sin palabras, que su comodidad instantánea vale más que el mundo que comparte. No es una falta pequeña, es una declaración de bajeza civil. La estupidez crónica empieza justo ahí, cuando alguien degrada lo que también usa y todavía conserva el descaro de sentirse perfectamente normal.

Hábito cinco: El baño ajeno no es mi problema. Dejar sucio un baño compartido es una de las formas más transparentes de desprecio civil disfrazado de costumbre.

El sujeto usa, mancha, salpica, desordena y sale como si la responsabilidad terminara exactamente donde termina su necesidad. No piensa en el siguiente. Apenas tolera pensar en sí mismo más allá del impulso inmediato. Y esa estrechez moral dice más sobre una persona que cien discursos bien peinados sobre valores y respeto. La civilidad real no se mide en opiniones elegantes, sino en conductas sin público, sin aplauso y sin recompensa.

El estúpido crónico fracasa precisamente ahí. Incluso cuando nadie lo ve, necesita dejar una huella miserable, convertirlo común en residuo y su paso por el mundo en una pequeña escena de degradación.

Norbert Elias entendió algo que la gente moderna, tan orgullosa de sus pantallas y sus modales de escaparate, prefiere olvidar. La civilización no consiste en tener tecnología, títulos o vocabulario limpio, sino en aprender a contener impulsos por respeto a una red de interdependencias. Nadie vive solo, aunque muchos imbéciles fantaseen con eso mientras usan todo lo que otros sostienen.

Por eso, la fila, el silencio compartido, la limpieza y el cuidado del espacio común no son detalles menores. Son exámenes microscópicos de autocontrol. Cuando alguien trata lo colectivo como extensión de su antojo, no está siendo libre ni auténtico, está siendo primitivo con acceso a infraestructura.

Esa mezcla de comodidad técnica y atraso moral es una de las formas más vulgares de estupidez contemporánea.

Tipo dos: Estupidez de interacción

Hábito seis: El interruptor compulsivo. Interrumpir constantemente no es energía, ni pasión, ni carácter fuerte. Es una forma mezquina y persistente de declarar que la voz del otro vale menos que la propia urgencia.

El interruptor compulsivo no conversa, atropella, tolera el turno ajeno solo mientras calcula cómo secuestrarlo. No soporta el desarrollo de una idea que no le pertenezca porque toda espera le parece una humillación y toda escucha un peaje insoportable hacia sí mismo. Por eso corta, pisa frases, remata antes de tiempo y rompe el ritmo de cualquier diálogo. Lo más ridículo es que muchas veces llama espontaneidad a esa mala educación crónica cuando en realidad no pasa de ser un ego mal domesticado con boca rápida.

Hábito siete: El que no escucha solo carga munición. Hay gente que parece escuchar, pero en realidad solo está recargando argumentos como quien mete balas en un arma vieja. Asiente, mira. Incluso guarda silencio, pero no recibe nada. Apenas espera el instante exacto para disparar su opinión, su anécdota o su superioridad disfrazada de respuesta. No entra en la conversación para comprender, sino para colocarse.

Esa es una forma muy normalizada de estupidez crónica, porque suele venderse como seguridad, firmeza o presencia. Pero quien no escucha de verdad tampoco aprende ni corrige ni afina su juicio. Solo rebota sobre sí mismo. Los demás no aparecen como conciencia, sino como simples pausas utilitarias entre una intervención propia y la siguiente. No dialoga. Usa bocas ajenas para preparar su entrada triunfal.

Hábito ocho: El dueño de la última palabra. Querer siempre la última palabra no nace del amor por la verdad, sino del pánico infantil a no dominar la escena. El dueño de la última palabra no discute para aclarar, discute para clausurar, sellar, imponerse, salir con la sensación patética de haber vencido, aunque no haya entendido nada. Necesita ese remate final como otros necesitan un aplauso porque confunde diálogo con jerarquía y desacuerdo con desafío a su rango imaginario. Por eso responde una vez más, corrige una vez más, remata una vez más, incluso cuando el asunto ya murió de cansancio, no soporta que una conversación termine sin su firma encima y ahí se revela la estupidez, en esa adicción miserable a sonar superior, aunque el precio sea volverse insoportable.

Hábito nueve: El ofendido permanente. Convertir cualquier corrección en ofensa personal es una de las formas más cansinas de fragilidad orgullosa. El ofendido permanente no distingue entre ser cuestionado y ser destruido, vive cada observación como ataque, cada matiz como humillación y cada desacuerdo como una falta moral imperdonable.

Por eso no mejora, se atrinchera, no revisa, dramatiza y termina haciendo de su susceptibilidad una identidad, como si sentirse herido fuera prueba automática de tener razón. Esa conducta parece emocional, pero en el fondo es puro narcisismo inflamado. Todo tiene que pasar por su herida, por su orgullo, por su teatro interno. El mundo entero gira alrededor de una autoestima tan hinchada y tan frágil que ya no soporta ningún rose mínimo de la realidad.

Hábito diez: El invasor de distancia. Invadir el espacio personal del otro como si no importara parece, para muchos idiotas sociales, una nimiedad sin peso moral, pero no lo es. Acercarse demasiado, tocar sin necesidad, hablar encima del cuerpo ajeno, ocupar más de lo debido, forzar una cercanía que nadie concedió. Todo eso revela una incapacidad muy concreta de reconocer límites invisibles.

El invasor de distancia no siempre es agresivo en sentido abierto. Muchas veces solo es brutal en versión cotidiana. Se mueve por el mundo como si la frontera del otro fuese una exageración moderna o un capricho de gente sensible.

Y ahí está su estupidez en creer que intensidad, confianza fingida o espontaneidad le dan derecho a convertir la incomodidad ajena en detalle irrelevante.

Erwin Goffman mostró que la vida social no solamente se sostiene con leyes, principios o grandes discursos sobre respeto, sino con micro reglas casi invisibles que impiden que cada encuentro se convierta en una pelea de egos malcriados. Escuchar, ceder turno, no aplastar la cara del otro, tolerar una corrección y respetar cierta distancia son gestos mínimos, pero sostienen la dignidad práctica de la interacción. Cuando alguien fracasa ahí de forma repetida, no estamos ante una mera torpeza simpática. Estamos ante una estupidez relacional, una incapacidad de evitar el intercambio sin contaminarlo con hambre de protagonismo.

El estúpido crónico rompe la escena porque no soporta límites que no nazcan de él. Y luego, como todo mediocre bien adaptado, llama autenticidad a ese pequeño desastre.

Tipo tres: Estupidez de superioridad

Hábito once: El mentor cruel. Abusar de quien está aprendiendo es una de las formas más miserables de superioridad social, porque consiste en usar una ventaja provisional como si fuera prueba de valor humano. El mentor cruel no corrige para formar, sino para saborear la distancia entre su dominio y la torpeza ajena.

Se burla, humilla, endurece el tono, exhibe impaciencia y luego bautiza su mezquindad con nombres nobles como exigencia, carácter o disciplina. Cree que humillar enseña cuando en realidad solo demuestra que el poco poder que posee ya le pudrió el trato.

La estupidez crónica aparece justo ahí en confundir experiencia con licencia para degradar. No sabe más en sentido alto. Apenas llegó antes y convirtió esa antigüedad en garrote.

Hábito doce: El subestimador nato. Subestimar a cualquiera que parezca simple, tímido o inexperto es una estupidez muy típica de quienes confunden apariencia con jerarquía real.

El subestimador nato entra a cada situación repartiendo sentencias con rapidez vulgar. Este sabe, este no, este vale o este estorba. No necesita pruebas, le basta una impresión pobre y dos prejuicios bien aceitados. Y como vive preso de ese reflejo, pierde inteligencia silenciosa, competencia discreta, profundidad sin espectáculo y dignidad sin marketing personal.

Su error no es solo mental, es moral. Convierte la simplificación en trato, el prejuicio en conducta y la arrogancia en método. Mira por encima, habla por encima, decide por encima y luego se sorprende cuando la realidad le escupe en la cara lo poco que entiende de las personas.

Hábito trece: El Cliente Rey. Tratar a los trabajadores que le atienden como inferiores, es uno de los hábitos más reveladores, porque muestra qué hace alguien cuando recibe una cuota mínima de poder sin riesgo de represalia.

El cliente rey no compra un servicio, compra la fantasía miserable de mandar. Por eso exige más de lo razonable. Habla con desprecio, dramatiza errores mínimos y convierte al otro en cubo de basura para sus frustraciones acumuladas.

No busca resolver nada, busca posición, compensación, teatro de importancia. Necesita sentir que al menos durante unos minutos alguien está obligado a aguantarlo sin devolverle el golpe. Y ahí se desnuda una estupidez bastante fea, la de quien solo logra sentirse alguien cuando encuentra a otro estructuralmente obligado a soportar su pequeñez.

El estúpido olvida que el servicio es un contrato, no una servidumbre.

Hábito catorce: El ostentador humillante. Usar el dinero, el cargo o cualquier signo de estatus para humillar revela una pobreza más profunda que la material, la de quien necesita exhibir superioridad porque no consigue despertar respeto por densidad propia.

El ostentador humillante no disfruta solo de tener, disfruta de que los demás noten que ellos no tienen. Menciona lo que gana, lo que manda, a quién conoce lo que puede pagar y convierte cada dato en instrumento de reducción simbólica del otro. No quiere admiración limpia, quiere distancia visible.

Esa conducta suele disfrazarse de ambición, éxito o franqueza social, pero en el fondo no pasa de ser inseguridad con recursos. La estupidez crónica aparece cuando alguien cree que posición y valor son equivalentes y que el privilegio puede reemplazar lo que nunca logró construir por dentro.

Hábito quince: El brutal sincero. Confundir sinceridad con brutalidad es uno de los trucos favoritos del mediocre moralmente agresivo. El brutal sincero se presenta como alguien que dice las cosas como son, cuando en realidad disfruta decirlas de la forma más hiriente posible. No busca verdad. busca impacto, no pretende claridad, pretende superioridad bajo la máscara barata de la honestidad, por eso convierte toda opinión en piedra y toda crítica en una pequeña ceremonia de dureza como si herir le diera profundidad.

Cree que suavizar es hipocresía y que el tacto es cobardía. Porque jamás entendió que la verdad también exige forma, contexto y medida. La estupidez crónica se revela ahí. En esa incapacidad grosera de distinguir entre franqueza y vulgaridad, entre precisión moral y placer casi animal por lastimar.

Theodore Dalrymple expuso que cierta degradación social no nace de manera puntual de la pobreza o de la ignorancia, sino de hábitos morales podridos que terminan normalizando la vulgaridad, la grosería y el desprecio como si fueran marcas de realismo.

En este nivel, la estupidez ya no aparece como simple torpeza de convivencia, sino como deformación del juicio sobre el otro. El aprendiz es humillado, el tímido es subestimado, el trabajador es rebajado, el inferior es instrumentalizado y la crueldad se disfraza de honestidad.

Todo eso revela una mente empobrecida en lo esencial, la capacidad de reconocer dignidad ajena sin necesitar rebajarla para sentirse más alta. El estúpido crónico se cree fuerte cuando humilla pero en realidad, solo exhibe con una claridad penosa lo poco que tiene por dentro.

Tipo cuatro: Estupidez obediente

Hábito dieciséis: El repetidor de plantilla. Repetir ideas hechas como si fueran pensamiento propio es una de las formas más limpias y más patéticas de estupidez obediente, porque imita el tono de la convicción sin haber pasado jamás por el trabajo incómodo de pensar. El repetidor de plantilla habla con seguridad, usa frases cerradas, adopta poses de certeza y parece tener criterio, aunque en realidad solo administra fórmulas prestadas como un cajero de eslóganes. No examina lo que dice, lo recita. Y lo más inquietante es que muchas veces ni siquiera miente con plena conciencia y confundió la familiaridad de una idea con su verdad.

La estupidez crónica aparece justo ahí, en esa facilidad humillante para convertir lugares comunes y reflejos grupales en sustituto barato de juicio propio.

Hábito diecisiete: El camaleón social. Cambiar de postura según el grupo o la autoridad presente no siempre nace de prudencia, muchas veces nace de una estructura interior vacía, sin columna, sin centro y sin precio propio. El camaleón social no adapta solo el lenguaje, adapta la conciencia entera. Frente a unos defiende una cosa y frente a otros la contraria. Y en ambos casos intenta sonar íntegro, como si la coherencia fuera apenas una cuestión de escenografía.

No busca verdad sino alineación rentable. Su criterio no está en los hechos ni en los principios, sino en la temperatura del ambiente y en quién ocupa la cima de la escena. Esa plasticidad suele venderse como inteligencia social cuando en realidad no pasa de ser cobardía bien peinada con talento para oler jerarquías.

Hábito dieciocho: El bajulador oportunista. Atacar al más débil para quedar bien con el más fuerte es un hábito especialmente sucio porque mezcla cobardía, cálculo y hambre de aceptación en una sola maniobra. El bajulador oportunista detecta rápido dónde está el poder, quién reparte favores, quién puede incluirlo o protegerlo y desde ahí organiza toda su conducta como un pequeño animal de jerarquía.

Sonríe hacia arriba y endurece el gesto hacia abajo. No necesita odiar al débil. Le basta usarlo como moneda simbólica para comprar cercanía con el fuerte. Esa conducta suele presentarse como estrategia, adaptación o realismo, pero revela una estupidez moral profunda, la de quien sacrifica justicia básica por una migaja de pertenencia y encima se siente inteligente por hacerlo.

Hábito diecinueve: El devoto de la jerarquía. Obedecer jerarquías injustas y llamarlo normal es una manera refinada, casi litúrgica, de renunciar a la responsabilidad sin sentir culpa. El devoto de la jerarquía no necesita aprobar internamente lo que ocurre. Le basta con declararlo inevitable, funcional o simplemente antiguo.

Sus frases de consigna son, entre otras: Así funciona, Siempre ha sido así, Yo solo cumplo No me toca decidir. Esas frases forman el pequeño catecismo de quienes entregan su conciencia a la estructura y luego posan como personas sensatas. La estupidez crónica aparece cuando la costumbre reemplaza el juicio y el orden pasa a valer más que la justicia. No hay aquí falta de información, sino exceso de docilidad. El sujeto no ignora el daño y, peor aún, aprende a convivir con él hasta llamarlo normalidad.

Hábito veinte: El defensor del absurdo. Defender lo indefendible solo porque así son las reglas es la fase final de la obediencia mental, el momento exacto en que la norma deja de organizar la vida y empieza a sustituir el pensamiento.

El defensor del absurdo no pregunta para qué sirve una regla, a quién protege, qué destruye, ni si conserva algún resto de legitimidad humana, le basta con que exista y desde ahí levanta una moral prestada, rígida y vacía, donde lo correcto ya no es lo justo, sino lo permitido por el mecanismo. Tal conducta parece disciplina, pero no pasa de ser pereza moral disfrazada de seriedad.

La estupidez crónica culmina cuando una persona deja de evaluar la realidad y se limita a custodiar procedimientos, aunque estos mutilen lo humano con perfecta pulcritud burocrática. Dietrich Bonhoeffer vio con lucidez algo que sigue incomodando porque destruye una cuartada muy querida por los mediocres bien adaptados.

La estupidez no siempre es falta de inteligencia y muchas veces ni siquiera se cura con información. Hay personas capaces, instruidas e incluso brillantes, que en la práctica se vuelven instrumentos dóciles de ideas, grupos, jerarquías y reglas que nunca examinan de verdad. Repiten, se acomodan, golpean hacia abajo, obedecen sin juicio y defienden estructuras vacías con fervor prestado, y no será por falta de cerebro, sino porque han renunciado a la autonomía moral.

Esa forma de estupidez es la más peligrosa de todas, porque ya no solo molesta o humilla, colabora, normaliza, ejecuta y luego se lava las manos llamando deber a su propia rendición. Lo más inquietante de la estupidez crónica es que casi nunca se presenta como tragedia, sino como costumbre. No llega con sirenas o hábitos, porque no siempre hace ruido. Muchas veces solo se repite y, precisamente por eso, se vuelve difícil de combatir.

Cuando una sociedad se acostumbra a convivir con la mezquindad, la grosería, la humillación y la obediencia sin juicio, empieza a llamarlas normalidad. Y ese el verdadero problema no es que existan personas estúpidas, sino las demasiadas conductas estúpidas que ya dejaron de escandalizar a casi todo el mundo.

La estupidez es peligrosa porque muchos idiotas tienen poder y, peor aún, ni siquiera saben que son idiotas.

Es cuanto

Messy Blues

domingo, 8 de marzo de 2026

KTUM 101 Radio

De Política y Otras Necedades, Primer Capítulo


Bueno. El pasado 6 de Marzo transmití de nuevo por radio online e inauguramos con mi programa De política y otras necedades. Sí, sí; José Daniel y Rodrigo merecieron el primer plano 😁

Pero lo malo es que por ser radio y no se repite, "ora" les vendo el capítulo.





¡Gracias! 😉😙

viernes, 6 de marzo de 2026

¡Viva México!

Y pensar que en cierto lugar de la mancha son capaces de convertirse en esclavos ideológicos de los gringos 😂



jueves, 5 de marzo de 2026

Messy Radio

La radio está de regreso

Pues después de más de veinte años que tuve una estación de radio por internet (Radio Crash) me aventuré a tener un broadcasting vía Shoutcast con el mismo nombre pero dejó de funcionar ese servicio y solo pude transmitir por un año. Luego traté de hacer un podcast pero era un fastidio estar editando y luego subiendo los episodios.

Hace poco encontré el mismo streaming (Shoutcast, con otro nombre) y estoy haciendo pruebas. Según yo, entre el sábado y domingo estaré transmitiendo en forma.

La buena: Mis opiniones sobre Salvatexas serán en un programa semanal llamado como este blog Salvatierra Mártir, y aquí en el blog publicaré un resumen de cada capítulo.

La mala: seguirá siendo crítico 😂.

Pero ese programa no durará mucho por cada capítulo. Tal vez una media hora. Por supuesto tendré otros programas con otros temas.

También transmitiré música y, sí a alguien le interesa, podría poner canciones de algún(os) colega(s) de allá (Salvatexas). Y no la hagan de tos, no cobraré ni un centavo por eso.

De lo que sí cobraré será por publicidad. Aunque no creo que ni remotamente le interese a nadie por allá 😂😂.

El tipo de música será de Rock, Jazz, Blues, Música Clásica, Rock and Roll, Heavy Metal, Country y Folk.

Click Aquí para ir a la página de la estación

Saludos gentes

El Messy Blues


jueves, 1 de enero de 2026

Nuevo año, ¿eh?

Ya vine a joder

Nomás pa' poner al día esa mediocridad pentatónica que dicen que tengo.

Recientemente puse un post que decía claramente lo que pienso de Daniel Sámano Jiménez y Rodrigo Carrasco. Decepcionado de uno por haber contratado al otro pero bueno, que se jodan. Mi manager me ordenó quitar eso y como él es que se mueve para promover mi música pues, ni hablar.

Esto me recordó que Iván Arellano hace un buen trabajo con eso y platicando con él y el equipo, me echaron en cara mi obsesión por tener este blog revanchista pero no, no señores, no es un blog revanchista.

En Salvatexas ha gobernado por siglos la misma línea familiar que se pasa el balón para hacer creer que hay alternancia. El único decente que yo defendería sería Moisés Ramírez (y muy probablemente Lupe Nava). Pero alternancia no hay, ni habrá.

Sí, estoy molesto porque allá se hacen los caprichos de quienes estén en el poder y sí, me la paso señalando los errores y los abusos y así seguirá siendo. Pero esta vez me voy a enfocar a uno de los muchos comentarios que no dejan de llegarme por parte de amigos, conocidos y chismosos.

Primero dejaré claro algo. Mi enemistad con el colega del inframundo no la empecé yo y él se enojó porque su amiga Uribe le calentó la cabeza cuando yo rompí un acuerdo con ELLA, no con el Demonio, y los tratos entre dos son tratos entre dos, no entre más.

Mi entonces manager (Ing. Lucio Usobiaga —QEPD) me indicó que rompiera toda relación con Salvatexas después de que, como grupo —Vassy Courtes—, fuimos objeto de un fraude con el dichoso "SalvaRock Fest 2019" y corté a mucha gente del rancho en redes sociales. Si lo apreciamos de manera justa, nosotros teníamos razones para estar molestos. Digan lo que digan ustedes.

Retomando los chismes

Me señalan que tengo razón en mis juicios contra Vicente Corona, Miguel Fuentes y el Demonio pero aquí es donde hay que tener sentido común porque yo no he atacado ni a Vicente ni al Demon, cabe aclarar. Al Fuentes sí le he tirado dos tres cacayacas, confieso. Pero todo aquí, no protegido por anonimatos ni secretamente en redes sexuales. Perdón, sociales.

De Vicente he dicho que NO estoy de acuerdo con su Salvablues en contexto (y espero que haya suficiente inteligencia para notar ese detalle) porque los Blues no son mainstream y su efecto cultural merece un poco más de conocimiento del que Vicos tiene. Hoy puede saber más de ello (digo, veinte años después, ya si no) pero él se convirtió al Blues para justificar un producto y no hizo un producto para preservar los Blues.

Y eso será siempre.

Pero también dije algo que seguiré dejando claro: Vicente Corona lo hizo contra viento y marea. Y además hizo algo que NADIE más ha logrado por iniciativa propia y genuina, Eso, amigos, es algo que merece mi respeto, aunque yo no le aplauda.

Pero veamos. Cuando yo estaba en ciernes de formar un grupo de Rock enseñé a Omar Jacobo y a Miguel Villagómez a tocar la guitarra y esos dos se encargaron de convertirme en el enemigo público número uno de la crema y nata del rancho. Es decir; cuando formé Crash! con Polo Carranza y la bajista (ya sabemos quién, no estén jodiendo), éramos nosotros tres contra Salvatexas y sin embargo éramos solamente tres atrayendo público orgánico (no acarreado, pues). Y tocábamos cosas a varias voces como esta preciosidad de John Phillips:


Eventualmente llegamos al nivel de tocar cosas más elaboradas como esta joya de The Who compuesta por John Entwistle:


Pero bastó con que alguien sugiriera que Tona es un mediocre y de ahí el Miguel Fuentes (que de Mercury tiene lo que yo de Lennon) se permitiera replicar la afirmación. Textual sus palabras:

"Usted es un mediocre porque yo he logrado hacer mucho por Salvatierra y lo he puesto en un buen sitio..."

El tarugo ese se enojó porque señalé una estupidez que comentó sobre mi blog. Por eso hizo su comentario que por supuesto no acepto y, aunque también hizo algo (ni tan relevante como para que se levante el cuello), creo que él y los que suelen atacarme merecen una cierta aclaración.

Aquello de que él puso a Salvatexas en un buen sitio, todavía me hace reír.

¿Antecedentes?

Dejemos claro entonces que cuando Polo, la bajista y yo hicimos Crash! no contábamos con equipo. Teníamos una batería usada, dos amplificadores de 10 y 50 w, una guitarra reconstruida y muchas ganas. Fue Don Leopoldo Carranza Olvera quien nos hizo fuertes con su equipo. Los de enfrente utilizaron el equipo de Don Gilberto desde el principio. ¿Cierto?

A nosotros no nos apoyaba NADIE, el público que hicimos fue ganado poco a poco. Los de enfrente tenían a los compas de la secun y la prepa (a la sazón sus mejores guerreros Anti-Tona) y alguno que otro vecino.

Yo siempre reconocí la capacidad de todos, no solo los de enfrente, y hasta tuve la ocurrencia de llevar al foro a Gustavo Hernández (o Gustavo De la Vega) cantando ópera en el Teatro del Pueblo cuando nadie daba un quinto por él. Defendí el trabajo de los hermanos casillas y aunque me puse medio pendejo con Memo González y Carlos Gómez, terminé ofreciéndoles a ambos sus respectivas disculpas.

Lo cortés no quita lo valiente, amigos.

Todos brincaron por la franquicia Messy Blues para ser notados por los de enfrente. Como fueron los casos de Alfredo Flores, Judith Hernández, Luis Pendejo Elizondo y el propio Rod Ruthrauff. Antes de que yo trajera a esos al frente, nadie los pelaba.

Después algún conocedor dijo:

"Ese wey solamente toca la escala pentatónica..."

Pues sí pendejo, es la escala que más se utiliza en el Rock Clásico y en el Progresivo. Pero también dejo una aclaración, si alguien les enseñó la escala armónica menor a Omar Jacobo y Ulises Camarena, fui yo. Esos dos, por cierto, hoy utilizan la escala pentatónica mucho más de lo que la utilizo yo.

Pueden llamarme Traumado, Ardido, Mediocre, Fracasado o lo que ustedes quieran llamarme pero es cierto que yo nunca quise ni traté de complacer a NADIE (por eso me odia Daniel Sámano Arreguín). Yo siempre he sido yo y me da igual quién putas madres me acepte y quien me odie. Lo que me purga es que sean tan incapaces de aceptar sus errores y de aceptar también las cosas que otros hacen bien.

Vicente Corona ha dicho de mí que le da gusto que yo haga lo que me gusta (y no me lo dijo a mí) y el Demonio no me traga pero he sabido que acepta las cosas que debe aceptar (gracias por cierto). Queda claro por qué quiero ser enfático. No se trata de que yo tenga o no razón ni de ganar una guerra. Se trata de poner las cosas en su justa dimensión.

No, no soy un mediocre y, no, no soy un fracasado. Las ligas de abajo (o links o como chingados se diga) son una invitación, ¡cordial!, a escuchar lo que yo hago. Nadie está obligado. Las escuchará quien quiera hacerlo y doy gracias de antemano, pero también es una forma de decir que no aceptaré más esas descalificaciones ni en mi contra, ni en contra de quienes hacen lo suyo.

No es redención. Me da igual si Vicos o Demon me aceptan o no y a ellos les causa aún menos preocupación. Pero seamos un pueblo que piensa con la cabeza, no actuemos por interés o conveniencia.



Es cuanto

Messy Blues

sábado, 27 de diciembre de 2025

Behind the Storm

Chequen mi nivel de mediocridad 😁🎶



sábado, 25 de octubre de 2025

Y las leyes... ¡Bien gracias!

Cuando hay trampa en el juego
De Danny-Babá y sus 40 ladrones y el regreso del Mancebo



Me dio risa saber que Rodrigo Carrasco —el mismo baboso de las raíces españolas— está de regreso en el ayuntamiento. Un poco tarde si consideramos que Rodrigo entró al ayuntamiento en Julio pasado, o algo así. De haberlo sabido, mi discurso no habría sido amable desde entonces.

Me dio risa porque, ¿no es gracioso?, él y muchos otros son de los que me llaman Mediocre a mí. Nada más mediocre que estar viviendo de un puesto en un ayuntamiento y, peor aún, cada veinte años. Al menos los empleados de planta saben que estar ahí es lo que ellos decidieron hacer porque necesitaban ese empleo.

Pero, ¿babosos que se supone que están preparados?. ¡No bueno! Claro, claro, el fracasado mediocre soy yo.

Ya más de una vez mencioné al Perico Piano-Man del otro nivel que también queda dentro de la línea de hambreados esperando cachar un huesito después de haberle tirado muchísima mierda a los Sámano —a todos— por años.

¿Se habrá tragado esa mierda?, me pregunto.

Aquí mi primera observación que tiene que ver con el de deportes cobrando por el uso de las canchas municipales y traigo al frente algunas leyes:

La Ley General de Responsabilidades Administrativas establece las faltas administrativas graves en las que puede incurrir un servidor público.

A saber:

Conflicto de interés (Artículo 58):

Se configura cuando el servidor público interviene, por motivo de su empleo, en la atención, tramitación o resolución de asuntos en los que tiene un beneficio personal, familiar o de negocios, que choca con el interés público.

En el caso de instalaciones municipales, esto ocurriría si un funcionario incurre en la falta mencionada en el Artículo 57 de esta Ley.

Artículo citado:

Abuso de funciones (Artículo 57):

Incurre en esta falta quien ejerza atribuciones que no tiene conferidas o se valga de las que posee para realizar o inducir actos u omisiones arbitrarias, generando un beneficio indebido para sí o para un tercero. Este artículo sería aplicable si un funcionario usa su posición para desviar recursos o manipular procesos en instalaciones municipales para un beneficio personal.

Ahora echemos un vistazo al Código Penal Federal en donde el enriquecimiento ilícito es un delito castigado

Enriquecimiento ilícito (Artículo 224):

El delito se tipifica cuando un servidor público no puede acreditar el aumento de su patrimonio, o la procedencia legítima de los bienes que están a su nombre o que usa como propios. Las investigaciones se activan cuando el nivel de vida del funcionario no concuerda con sus ingresos declarados. 

Ejercicio abusivo de funciones (Artículo 214):

Esta falta se considera un delito federal cuando un servidor público, al ejercer sus funciones, causa un daño o perjuicio a un ciudadano o a la administración pública.

Pero especialmente ambas leyes incluyen dos puntos muy importantes:

Es delito perseguido de oficio si el funcionario...

Favorece a una empresa de su propiedad o de un familiar en la asignación de contratos para la gestión o mantenimiento de instalaciones.

Utiliza su influencia para obtener beneficios comerciales en recintos controlados por el municipio.

Y como mi estimado amigo el Licenciado Gerardo es abogado, dejemos que él nos desmienta.

Dicho esto procedo a cuestionar a José Daniel quien, de acuerdo a mis fuentes, NO ha cumplido ninguna de sus promesas de campaña de las cuales eliminar La Marquesada era una. ¡Ah clarooooo! si está el Mancebo de regreso, pues ¿cómo?, ¡no se puede!.

Como sabrán, al principio yo solamente cuestioné el hecho de que José Daniel es panista de cuna, es decir, de toda la vida; y eso NO va a cambiar nunca. Luego consideré que era el mejor alcalde que Salvatexas haya tenido, lo que en parte no está tan fuera de juicio.

Pero las pocas cosas que José Daniel sí ha hecho bien, porque las hay, se opacan con las estupideces que sus 40 ladrones están haciendo (ni sé cuántos son pero lo puse pa' redondear) y de ribete él mismo se ha hecho pato con lo prometido.

Dejemos claro que la administración salvaterrestre NO es morenista, es panista pintada de guinda para estar a la moda.

Para empezar la presencia de un Pro Español de ultra-derecha como Carrasco (quien siempre se burló de mí por ser amloista —¿te acuerdas wé?—), siguiendo con el uniforme de horrendo azul panista con el que todo el mundo está vestido en el H. Aytto. Sin dejar de lado la influencia de padre y suegro tan cerca de él. Panista fascista uno y Priísta el otro.

Dicen que en la política de Guanajuato hay hilos y raíces (no españolas en este caso... creo 😂) que deberían hacer pensar en no acusar tan fácil a los que dan la cara pero eso nos hace replantear: ¿y entonces el pueblo qué hace?.

¿Todos se dejaron convencer con tiendas Oxxo que desplazaron el comercio local, un Soriana que además de costoso da empleos de acuerdo al criterio de RH, y un festejo denigrante que convierte a Salvatexas en un miadero cada año?.

Pero volvamos con José Daniel quien, de buenas a primeras se pasó a la izquierda sin haber leído los principios de Marx (no, no se trata de comunismo, ¡lean en vez de juzgar!).

Técnicamente hablando, José Daniel no es morenista y, a propósito, el morenismo en Guanajuato tiene algunas explicaciones que ofrecer en su propio entorno a nivel nacional de cómo y por qué de repente hay ex-panistas en Guanajuato ocupando cargos públicos. De acuerdo a las leyes electorales eso no es posible en un lapso menor de un año, y José Daniel pasó del panismo al morenismo, cruzando por el emecismo, en un tiempo récord.

En México no puede cambiarse de afiliación política un ciudadano —obvio, mexicano— que esté registrado y constitucionalmente reconocido en una institución partidista sin haber recibido una baja oficial del partido citado emitida por la autoridad electoral y sin haber pasado por el proceso de justificación para registrarse en otro.

En caso contrario, está cometiendo la falta administrativa de Transfuguismo, considerada como práctica de conveniencia personal y de intereses poco recomendables.

Personalmente creo que José Daniel ha logrado mucho de manera personal pero hablamos de política en donde queda claro que al amigo le han crecido las montañas y él demuestra poca habilidad para escalar. O bien, era parte de su plan.

No son pocos los inconformes y decepcionados de un año de morenismo salvaterrestre y los propios morenistas —a nivel nacional— no parecen preocuparse de esto (sí, malas noticias, no me pelaron 😁). Lo cual deja todo en manos de los propios salvaterrestres pero mientras haya Marquesada, pan y circo; nadie va a mover un dedo. Solo se quejarán y quejarán.

La buena: ya solo faltan dos años para volver a meter la pata

La mala: seguiremos cayendo en el mismo hoyo

La trágica: Carrasco está de regreso

Es cuento... digo, es cuanto:

Messy Blues


miércoles, 15 de octubre de 2025

Ese Daniel es un loquillo

Envidia y admiración...



Lo que en este momento siento por José Daniel Sámano Jiménez es eso, envidia y admiración. Envidia y admiración por la enorme concha que tiene, heredada de su padre supongo, en la que es obvio que le importa una chingada lo que se diga de él o de sus esbirros en la alcaldía.

En su momento lo elogié, y no me desdigo, pero hoy siento una gran decepción de alguien quien yo pensé era un buen alcalde. Es obvio que NO lo es. Es un panista que aprovechó la buena disposición de MORENA para apoyar su candidatura pero al final demostró que ser de izquierda NO es su naturaleza y está haciendo todo lo posible para que el atontado pueblo vuelva a votar por el PAN.

Sí, me da mucha envidia ver cómo le corre atole por las venas al Danielillo y disculpen mis amigos en común, no suelo justificar mis opiniones. A lo mejor estoy ardido, posiblemente, aunque no sé de qué putas madres podría yo estar ardido. La cosa es que sigo pensando que se necesita mucha concha para mantenerse estoico siendo el responsable de un municipio que, desde La Marquesada, solo ha ido hacia abajo.

Bueno. Afortunadamente he estado en contacto con gente de MORENA manteniéndolos al tanto de cómo se están conduciendo el alcalde y sus bufones. Actuando como en los mejores tiempos del PAN pero diciendo que son de MORENA. La cosa era no perder el hueso.

Ah sí, por cierto, también mi abogado está al tanto. Digo, solo por previsión.

Es cuanto

Messy Blues

jueves, 9 de octubre de 2025

Mi primer Libro en Inglés

Cómo Lidiar con Idiotas (así se llama el libro, ¿sí?)

Aunque no lo puse aquí como alusión personal, no quedaría mal, jajajajaja.

Bueno, para que sigan ardiendo algunos, mi primer libro en inglés sobre Estoicismo práctico.

Supongo que aquí nadie va a comprarlo, y está bien, pero cumplo con promoverlo.

Saludos 😝




martes, 30 de septiembre de 2025

Grilla es Grilla

No le paro, simplemente no le doy vueltas a lo mismo

Respecto al problema anterior sobre la dirección de deportes del ayuntamiento me limitaré a decir que ya dije lo que había qué decir y hablé con quienes tenía que hablar. Ya le toca a la gente moverse y hacer algo para resolver situaciones.

No me desdigo de lo que dije, nunca lo he hecho, pero tampoco me voy a enfrascar en picar el agujero de la araña porque resulta estúpido andar como idiota fregando a la gente.

Pero sí debe quedar algo muy claro: cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Si ya les di el ejemplo de lo que se debe hacer y aún así siguen agachando la cabeza, perdón amigos, ya es asunto de ustedes.

La política es un juego sucio y lleno de mierda en donde intereses muy poderosos siempre se moverán de tal manera que el pueblo sea el jodido y eso será eterno mientras no levanten la voz. Nadie simpatiza con la URSS porque la consideraban comunista, y es probable, pero lo cierto es que los Bolcheviques fueron el primer y único movimiento genuino en derrocar una tiranía. Hasta el día de hoy.

Eso no va a suceder en Latinoamérica porque no hay tamaños para enfrentar el abuso, así que no se pongan tristes, Salvatexas no es la excepción.

La cosa es que dejo el tema atrás, ya se habló, ya se expuso, ya les toca a ustedes. Con los dos indiciados, ni simpatía ni guerra; me dan enteramente igual. Tan grises como el que más.

En lo que sigue: suerte para ustedes.

Es cuanto

Messy Blues

miércoles, 24 de septiembre de 2025

¿Cobrando por las canchas?

Y el mediocre soy yo, claro


Recibo un mensaje muy sui generis en el que desean agregar más quejas al asunto de la dirección de deportes en el ayuntamiento de Salvatexas. Aunque me agrada que la gente me siga buscando, también creo que es una gran responsabilidad social.

Bueno pero no voy a llorar como frágil florecita Woke porque ni siquiera tengo la edad 😂. La cosa es que me han puesto al día sobre el asunto. Sin embargo me encantaría hacer un necio regreso sobre mis pasos para hacer notorio ese criterio de mi supuesta mediocridad.

Resulta que el indiciado director de dicha área está bloqueando a todo aquel que no pertenezca a su negocio de sport coacher y por eso anda metiendo zancadillas a los equipos juveniles que están fuera de su manipulación. Yo recuerdo que yo enseñé a varios que luego contaron con mi apoyo en sus propios proyectos... pero, claro, el mediocre soy yo.

Aquí viene la otra. Cuando yo encabecé el programa de estadísticas y polos de desarrollo en el ayuntamiento, de Salvatexas, rechacé más de un centenar de propinas cuantiosas en efectivo y mi salario no era exactamente como para hacerme millonario.

El baboso ese cobra de $1,500.00 a $2,000.00 por permitir a los equipos utilizar las canchas que son del municipio. Sí lector, esas canchas por las que usted y yo pagamos impuestos. ¡Ah claro! ¡pero el mierda soy yo!

Bueno. Yo ya cumplí con mi parte de quejarme a nivel federal sobre este asunto y es muy seguro que tanto Daniel Junior como aquel tipo hayan recibido una notificación. Si no ocurre nada, será porque compraron testigos y es aquí donde entra la responsabilidad ciudadana.

Les dejo claro:

Todas las instalaciones que pertenecen a la infraestructura municipal son derecho del pueblo. Tal vez deban pagar una cuota de recuperación en el museo o algún tipo de teatro cultural pero no en las instalaciones deportivas.

Agachar la cabeza solo dará pie a que Salvatexas siga siendo un botín de saqueo electoral.

Claro, el mediocre y mierda, soy yo. ¿No?

Es cuanto

Messy Blues

viernes, 19 de septiembre de 2025

Camino sin Culpas

Mi autobiografía... o ego-grafía

Bueno. Quitando un poco lo tenso al ambiente que se ha dado últimamente, quiero compartir con mis lectores la publicación de mi autobiografía que acompaña mi regreso eventual a los escenarios (¡Ups! 😁). Nada de qué preocuparse amigos, aunque nada morboso qué leer tampoco. Como no soy alguien atado al pasado, y las neurosis se las dejo a quienes me agravian, no ataqué ni hice comentarios estúpidos contra nadie.

Lo malo que me haya pasado lo asumí (porque no siempre he sido tan inocente) y lo bueno que me haya sucedido es por mí, así que no hay necesidad de quejarse.

Les prometo que se van a entretener mucho, eso sí.



jueves, 18 de septiembre de 2025

Hace cuarenta años

19 de septiembre de 1985, la herida que nunca cerró


Han pasado ya cuarenta años desde entonces. Un amanecer que marcó para siempre a México. El 19 de septiembre de 1985 no es una fecha cualquiera: es un recordatorio imborrable de la fragilidad humana frente a la naturaleza, y al mismo tiempo, de la fortaleza de un pueblo que se negó a rendirse. Un México de acero.

Yo lo viví. No lo leí en los periódicos ni me lo contaron en la televisión. Sentí la furia de la madre tierra abrirse paso para demostrar su poder. Sentí el miedo, la incertidumbre y esa sensación imposible de describir de que la vida podía terminar en cualquier instante. No hay manera de borrar de la memoria el derrumbe de edificios, el polvo, los gritos de auxilio, la confusión generalizada. El miedo al estar en medio de todo aquello

Pero este texto no es para ponerme en el centro de la historia ni para dramatizar mi papel de sobreviviente. No es para ganar admiración. Escribir esto es un acto de memoria.

Es por todos aquellos que no volvieron a ver la luz del día. Es por los miles que perdieron a un ser querido, su hogar o el rumbo de su vida. Es por quienes todavía, como yo, cargamos con la pesadilla y vivimos con un miedo latente que despierta cada vez que suena la Alerta Sísmica.

Esa alerta, que pone los nervios de punta, no existía en 1985 y pudo haber salvado muchísimas vidas.

El terremoto del 85 no solo destruyó edificios, también derrumbó la confianza de un país entero en sus instituciones. Al mismo tiempo reveló, sin embargo, la fuerza de su gente. Miles de ciudadanos salieron a las calles con las manos desnudas a rescatar, a ayudar, a levantar escombros. México aprendió y demostró entonces que la solidaridad podía ser más grande que la tragedia.

Treinta y dos años después, en 2017, la tierra volvió a recordarnos su poder en la misma fecha: 19 de septiembre. La coincidencia fue cruel, como una irónica broma tratando de volver a abrir una herida que muchos aún no terminábamos de sanar. Como diciendo a las nuevas generaciones que la naturaleza es más poderosa que cualquier otra cosa.

Ese 2017 también hubo pérdidas, también hubo dolor y nuevamente se levantó el espíritu solidario que caracteriza a mi país.

Hoy, a cuatro décadas de distancia, sigo agradeciendo a Dios por la oportunidad de estar aquí para contarlo. Pero también sigo honrando la memoria de quienes no sobrevivieron. La memoria no se borra, se transforma en un compromiso con el honor para los que se fueron. No debemos olvidar, ni minimizar, ni dejar que el tiempo diluya la lección aprendida.

El 19 de septiembre no es solo una fecha en el calendario. Es un altar invisible en el corazón de México.

En memoria de quienes partieron en 1985 y en 2017. Recordar es honrar a quienes nos dejaron.

Respetuosamente

Messy Blues

sábado, 13 de septiembre de 2025

Stultitia Latens... Pars II

Las sorpresas bajo la manga... y no precisamente mi manga


Sinceramente nunca espero demasiada lectura a mis posteos en este blog pero siempre me llevo sorpresas. El artículo de ayer en la noche —sobre el tráfico de influencias dentro del gabinete de José Daniel Sámano— parece haber alborotado el gallinero y por supuesto algunos observadores de por allá me hablan bien.

Pocos suelen opinar demasiado porque, de acuerdo a su sentir, las cosas en Salvatexas van de mal en peor y nada de lo que yo diga, para bien o para mal, va a cambiar las cosas. Y a veces quisiera también asumirlo de esa manera pero tengo razones personales para tratar de que, al menos, la gente se de cuenta de cómo están las cosas.

En los inicios de aquella basura llamada "Marquesada" mucha gente consciente me dio la razón pero quienes la crearon consiguieron comprar al público esperado, aquel que quiere sentirse taurino y progresista, y muy español. Sabemos que ese evento ha representado el peor lastre cultural y económico de Salvatexas.

Pero en esta ocasión la sorpresa superó las previas. Recibí mensajes de esos con quienes mantengo contacto y uno de ellos, respondiendo mi posteo anterior, me escribió lo siguiente (puntuación y espaciado editados pero sin corrección de la expresión):

"...Ay, no mames pinche Tona, ¿es en serio? ¿De verdad le compraste al (censurado) ese su activismo cuatro té? Neta carnal, no insultes mi inteligencia ni insultes la tuya. Ese cabrón nació panista y así será toda su puta vida.

Esos hijos de la (censurado) se brincaron a morena para luego retomar el poder como los hijos de (censurado) panistas que son. ¿Tú crees que de verdad les importa el movimiento de (López) Obrador? ¡no mames wey, no mames! ¡Esos cabrones odian a Obrador! Yo también odio a ese cabrón pero yo al menos lo digo y lo sostengo.

En este momento la tienen super segura porque si la cagan con esta administración la gente se va a decepcionar de morena y volverán a votar por ellos. Saben lo que hacen porque tienen el colmillo retorcido, tanto el suegro de ese (censurado) como su padre, quien tampoco es tu compa de pedas, según he visto.

Lo que dijiste de Romero no es nada nuevo, todo el mundo odia a ese (censurado), pinche bato creído y mamón. Ese (censurado) lo han corrido de no sé cuántas asociaciones deportivas y es de los que gritan de lejitos, no vaya siendo.

Si tú dices que nadie te quiere y todos te odian [aquí solté la carcajada], ese wey ya te desbancó. Tú y (dato protegido) ya no son los más odiados. Eso sí te digo.

En presidencia más de dos o tres weyes son aún más odiados que ustedes dos. Ustedes dos son insoportables por su forma de ser y la diferencia con esos rateros es que ustedes hacen música, y lo hacen bien, y estos otros weyes le roban al pueblo.

En serio pinche Tona, me extraña de ti, tan mamoncito que eres con tus conocimientos, que los tienes. ¿De veras les crees su putas mentiras a todos ellos?
Lo que sí, mis respetos, por todo lo que publicaste [en mi post anterior] pero sé más claro, mi Tona, esta administración no es ni por mis nalgas una buena administración. Como tú tratas de insinuar, a lo mejor por cuates con el (censurado) ese no lo dices como es, estos pendejos son panistas pintados de guinda, y panistas serán para siempre..."

Ahora bien. Quisiera alardear el morboso placer del escarnio pero no es el caso. Lo anterior no es un simple mensaje de resentimiento reprimido porque conozco en persona a quien lo escribió y sé cómo es. Nadie que no te diga de frente lo que siente. Simplemente no pierde el tiempo alegando con idiotas (según sus propias palabras).

Y es grave porque él no es el único. Mucha gente logra contactarme y hacerme llegar sus comentarios esperando que mi ego desmedido les ponga al frente pero también soy juicioso y primero investigo hasta qué parte sus quejas son ciertas y en qué parte se deben más a la motivación por odio personal. Alguna vez cometí el error de escribir por escribir pero aprendí la lección.

Personalmente no conozco al indiciado de la dirección de deportes, y me da enteramente igual quién sea ese sujeto. Lo cierto es que por supuesto que no voy a ignorar cuando se insulta a los niños y adolescentes con prepotencia, nepotismo y abuso de poder. Por eso publiqué lo de ayer y seguiré esperando las explicaciones de José Daniel porque, hasta el día de hoy, he sido el único que ha mencionado también lo bueno que ha hecho. Me debe ese honor.

Es malo el síntoma de esa opinión que voy a mantener anónima porque es obvio que el equipo de José Daniel no solo no ha resuelto problemas sino que los ha complicado más y ha creado todavía más problemas y el Movimiento de Regeneración Nacional, MORENA, nació para hacer exactamente lo contrario. Luego entonces, el gabinete actual de Salvatexas hizo más hondo el agujero del que se supone José Daniel iba a sacar al municipio.

Estoy sorprendido, insisto, porque en menos de un año de administración, este equipo de farsantes ha pulverizado la confianza de la gente que los puso en el ayuntamiento. Dejando al monigote de Germán Munster Cervantes, como un modoso niño de oficina que ni hiede ni huele pero resultó mucho más inofensivo que los actuales.

Lejos de sentir triunfalismo con estos resultados (los mensajes que recibí), me siento bastante deprimido al ver que desde hace mucho Salvatexas está sitiado por el poder panista que no deja de aprovecharse del pueblo ni siquiera siendo morenistas.

A reflexión

Messy Blues