Como cuando te atacan por deporte
De manera Sorprendente, me siguen llegando respuestas sobre mi post acerca de Bungalow Rod. Algunos son a favor y otros en contra, pero me llamó la atención una descripción que hicieron sobre mi colega del inframundo y yo:
"Ustedes dos son la misma mierda, par de ojetes traumados. Ese güey es un pobre idiota que dice que canta y que siente que si no aparece en la foto, la foto no vale madres. Tú eres otro pobre idiota que fracasó aquí en Salvatierra y mejor te largaste, pero como te siguió ardiendo, publicas puras pendejadas en un blog que nadie lee..."
Me suena, ese mensaje anterior, tan Rico Nuevo. Bueno, el punto es otro. Afortunadamente nadie lee mi blog, salvo esa persona, y sin embargo siguen los proyectiles. Okay, lo diré como es mi estilo, entre pretensioso y abierto.
En lo personal, pierdo más defendiendo a mi colega por muchas razones. Es cierto que tiene el ego algo saturado y es cierto que es muy frontal y no le gusta escuchar razones. No es alguien que conozca en esencia el concepto de diálogo, y está sobre la base de si no estás conmigo, estás contra mí. Pero tampoco gano atacándolo. En primer lugar porque no tengo razones para ello, y en segundo lugar porque él fue de los pocos que, en su momento, me aceptó en Salvatexas.
Pero aquí viene la razón de por qué considero ese rechazo —hacia él y hacia mí— como de ricos nuevos.
Recientemente escribí un artículo para La Maraca (otro blog) que habla de la mala calidad en las clases altas de México, y ahí hice un somero análisis de lo que es realmente alguien de clase alta en contraste con alguien rico nuevo. Comencemos con que las verdaderas clases altas mexicanas ni siquiera viven en México. Todos andan por ahí en París, Londres, Roma, Berlín, Lisboa, Nueva York, San Francisco, probablemente Los Ángeles y San Antonio —por negocios— y mueven tanto capital abierto y bancario, como capital en activos e inversiones de renta fija. Términos que el 99% de los ricos nuevos del rancho desconocen completamente. Salvo sus transferencias Banco Azteca, BBVA y Banorte, que les resultan lo máximo en moda financiera.
¡Ah sí, y sus motos Italika, a plazos en Elektra!
La visión de esa mala calidad que destaca a la clase alta estriba en que sus mundos perfectos están basados en el modelo gringo y por supuesto buscarán el financiamiento en abonos de un Volkswagen Polo, un Tesla híbrido o un BMW que, cuando terminen de pagar, ya habrán pasado de moda. Jamás apostarán por algo hecho en México, como un Olinia eléctrico, hecho en México. Eso jamás sucederá. Ellos necesitan legitimarse como Americanos.
Pero hagamos una dosificación justa. En las comunidades hay mucha gente que, por necesidad, se va a Estados Unidos y mandan mucho dinero a Salvatexas (gracias al cual los ricos de la cabecera pueden hacer negocios, por si no se han dado cuenta). Esos compadres y comadres que se largan porque no les queda de otra, también son ricos nuevos, pero ellos lo saben y ellos no presumen. De hecho, muchos de ellos ayudan a otros. Esa es una clave diferencia con esos ricos nuevos de la cabecera municipal.
Regresemos al punto inicial.
Aunque no les caiga bien mi colega, el sujeto ya tiene reconocimiento a nivel internacional y, repito, fue el primero en tomarse en serio el oficio de cantar, matriculándose en una escuela y aprendiendo a leer música. Eso, lo coloca kilómetros por encima de quienes lo critican. Pero en Salvatexas todo es pecado si no eres gringo, o de menos alguien que lo parezca.
Hacer algo profesional en Salvatexas es tan inusual siendo de ahí, que nadie querrá aceptarlo y los calificativos siempre serán peyorativos. La lista de personas que son atacadas por esa razón es larga y muchos prefirieron salir de Salvatexas y, más aún, incluso niegan ser de ahí.
Cerca del rancho está Moroleón Guanajuato, comiendo en silencio y, por lo mismo, comiendo más. Ahí no necesitan envidiar al vecino ni al paisano y su legendaria industria textil también ha trascendido fronteras (y tengo pruebas de que hasta en Rusia venden). Son tan mexicanos como los salvaterrestres y yo podamos ser, y no andan con pendejadas de destruir reputaciones. No tienen tiempo para esas cosas.
Atacarme a mí, o al colega del inframundo no es muestra de clase ni civilidad. No le otorga a nadie ningún nivel superior y solo demuestra el resentimiento social del que esas personas han sido objeto.
Para muestra una cuestión: ¿Quién en Salvatexas pasó de doméstica a señora de la casa?
Y así como ese, hay muchos casos en Salvatexas. El colega y yo al menos hemos pagado el precio sin estafar a nadie.
Luego entonces dejo estipulado a ese burguesito de tres centavos que nos insultó al Demonio y a mí: ¿En serio crees que eres superior a nosotros solamente porque crees que escuchar algunos discos pedorros de rock te hace superior?
La neta, chinga tu madre.
A los demás, gracias por leer y disculpen el tenor del post.
Es cuanto
Messy Blues
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