jueves, 1 de febrero de 2018

La respuesta está en el viento

Jorge Correa Fuentes, el último vestigio de la esperanza cultural salvaterrestre.

Parte I



El domingo pasado tuve el honor y privilegio de tomarme un café con un actor de teatro, dramaturgo, escritor, pensador, analista social y creador de teatro penitenciario que bien debería tener una estatua en Salvatexas Gulch (Alias: Salvatierra, Gto.) en lugar de la pomposa, ridícula e innecesaria estatua de Juan José Posadas Ocampo, el Caballero Jorge Correa Fuentes ante quien siempre me quitaré el sombrero.




Yo aún guardaba cables y peleaba con el abogado de mi grupo de Rock esa mañana y llegué tarde a la cita por unos minutos (y por cierto, me disculpo con Jorge por ello) y la mañana estaba nublada, cafetera, chilanga, muy Ad Hoc para una charla informal que para mi gusto será trascendente.



Hablamos de lo injusta que ha sido Salvatexas con sus coterráneos. Puedo mencionar gente como Miguel Angel Camarena, Alias "El Sheik"; Vicente Ruiz Arias, Patricio Medina Aboytes y muchos otros que deberían estar considerados como "Salvaterrestres Ilustres", incluyendo obviamente, y esto es criterio mío, al distinguido Jorge Correa. Quisiera decir que me incluiría a mí mismo pero no, personalmente no es un honor que se me antoje, especialmente después de que el gobierno de Enrique Ortiz (2003-2006) tuviera la estúpida ocurrencia de rendir honores a la nieta de Isabel Soriano, profesora que tenía siglos de no pisar Salvatexas. Pero desde luego eso fue un sentir personal que no deja afuera a los que ya mencioné como merecedores de la distinción.



Jorge hace teatro penitenciario y eso no es nada fácil. Personas que ejercen tal oficio tienen que pasar por demasiadas cosas para lograr que una obra teatral, compuesta únicamente por presos, sea llevada a escena tomando en cuenta que muchas de las que Jorge realiza son musicales, lo que implica no solamente tener que lidiar con el arte dramático sino también con la música. Es sobreviviente de Tlatelolco 1968, vivió las mejores épocas de la humanidad en el siglo XX y ha recorrido el mundo como actor. Ha escrito obras teatrales y libros y resulta ser un personaje más bien sencillo, un amigo en toda la extensión de la palabra y que, a pesar de tan impresionante trayectoria, se sienta a beber un café con un mortal como un servidor de ustedes.




Pero a jorge le pesa exactamente el mismo sentimiento que a un amigo de ustedes (yo) y al también nunca bien ponderado Patricio Medina, la indiferencia salvaterrestre (salvaterrense). El saber que es más fácil promover la basura que los gobernantes llaman "Cultura" (sí compadre Pepe, lo incluyo a usted, sorry) y que no hagan un mínimo esfuerzo por promover lo que se ha hecho en casa. Esto me llevaría a poner nuevamente en patíbulo al "SalvaBluesJazz Festival" porque igual prefiere contratar gente de la Patagonia vecinos de los pingüinos que poner en alto a los artistas de Salvatexas Gulch (Alias Salvatierra, Gto.), nada nuevo bajo el sol. Obviamente Jorge es más respetuoso y categórico que yo pero el sentir es el mismo.



Sin embargo la mencionada trayectoria de Jorge es impresionante. Nos representa ante la Comisión Internacional de Derechos Humanos, nada menos, y ha sido gestor del arte a nivel mundial. Tiene en currículum más de 200 obras penitenciarias, creó el teatro juvenil experimental en los años 1960 y ha publicado tantos libros que bien podrían merecer una exposición literaria sin tantos elogios mutuos como suele suceder en Salvatexas Gulch (Alias Salvatierra, Gto.), solo entre cuates, los mismos cuates, los de siempre.



Más tarde fui invitado a su casa y me atendió como si atendiera a una celebridad (quedé muy corto para tal honor) y me autografió su más reciente libro, privilegio que aún agradezco, y me hizo pensar en algo que los músicos de Rock siempre hemos pensado: "Por qué no ver la vida desde su perspectiva real y hacer su realidad más decorosa?". En las fotos que adjunto se pueden ver algunos diplomas, reconocimientos y certificaciones que dan a Jorge su orgullo de tantos años de carrera.




Una frase de Jorge que me gustó, refiriéndose a su labor con los presidiarios es la de: “Si ya los desechó la sociedad, por qué los tengo que segregar yo”.




Es cuanto




Messy Blues

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