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martes, 15 de septiembre de 2026

¿Políticamente correctos?

Cuando algunos quieren que seas bien portado (si no, no te aceptan)

A estas alturas resulta un poco ridículo pensar que alguna vez me vi envuelto en semejante mercado de chismes y pleitos musiqueros en un lugar que, sin ofender, ni siquiera les gusta el Rock. Sí, me refiero a Salvatexas Tortilla Gulch. Los pocos que hemos intentado revivir los setentas en la Comala moderna (lean, para que sepan qué es Comala, y dejen los chingaos celulares por un rato) hemos fallado miserablemente desde que me subí al foro en 1989, allá en la Explanada Agustín de Carranza (vulgo: Explanada del Carmen) hasta el día de hoy, treinta y siete años después.

Ha habido de todo, desde aquel Helicopterósis que sacamos casi arrastrando del lodo mi ex-colega al bajo y yo (y que Omar Jacobo trató de destruir), hasta brotes de proyectos que quisieron tirarme a mí por tierra (Boga Acústica, por ejemplo). Así es, me convirtieron en el enemigo a vencer, los muy ridículos. Los muchos SalvaRocks que han intentado colarse aprovechando el éxito del SalvaBlues es una muestra de lo poco que se sabe de Rock por allá.

Aunque el wey me caga el palo, es probable que Michel Nava pueda darles unas clases sobre el tema (y se tomó una foto con David Gilmour, nada menos —¡Bien por esa, tú, abogado!—). Claro, claro; Memo González también es alguien muy letrado y mi colega del inframundo también, pero, aparte de ellos, ¿quién más?

Pero estaba yo con los dimes y diretes que, no obstante casi veinte años desde mi exilio voluntario, van y vienen. Esta vez fue alguien que conozco desde mi alcoholescencia y bromeábamos sobre la música pop de entonces. Hoy todo un comerciante que se estableció en el Estado de México pero suele visitar Salvatexas por su familia. Él se permite muchos juicios sobre mí, que suelo aclararle, pero tiene ciertas razones de peso en la historia. No lleva la mejor relación con los cercanos a mi colega demoniaco y por supuesto mi colega no es la excepción, sin embargo es frío al referirse al patético movimiento de rock que se hizo allá en Salvatexas Tortilla Gulch.

La cosa es que, sí, volvió a surgir el tema mientras sostuvimos una comida en Cuautitlán recientemente y, haciendo autopsias de la historia, me dijo algo interesante, aunque no por ello del todo cierto. Siendo alguien que puede comprar discos a cada rato y que puede viajar para ver sus grupos favoritos (la mayoría casi en el retiro), comentó lo mismo que yo pienso: en Salvatexas el Rock fue Rock porque fue tendencia en los años sesenta y setenta pero, como sucede en toda provincia latinoamericana, la cultura de la ciudad fue absorbida por las modas y el saqueo empresarial. Cierto, Salvatexas NO es una ciudad rockera.

Fue una opinión de él la que me hizo reaccionar:

«Si tú y ese tipo (ya sabemos quién) hubieran sido más amables y menos arrogantes, tal vez las opiniones sobre ambos serían también más amables»

Claro, lo dijo medio en broma, pero creo que, aún en broma, eso no es técnicamente posible. Mi respuesta fue:

«No, yo creo que estás mal. Un músico está haciendo un trabajo arriba de un escenario y no tenemos por qué servir de karaoke para la gente. Quien te viene a ver es porque viene a escuchar música o a bailar si eres versátil, pero no me digas que, aparte de fletarnos para que las canciones salgan bien, todavía tenemos que chiquear gente. Nosotros cumplimos con tocar y hacerlo bien y creo que la gente tiene que respetar eso. No vas y le dices a un médico cómo hacer su trabajo, ni le dices al abogado cómo defenderte, ni al dentista cómo debe hacerte una endodoncia, ¿cierto? Ese Luis Elizondo hizo del acto escénico un chiste, siempre complaciendo idiotas que le decían lo bueno que era, que por cierto no lo es, y diciendo mentiras quemando a otros para lavarse el culo. No amigo, el artista escénico no tiene por qué ser una mascota bien portada. Tú vienes a vernos tocar, tú decides si lo compras o no y tú sabrás si te gusta pero no puedes juzgarme ni criticarme si yo no te he dado razones para ello. Creo que en ese sentido, mi colega del infierno y yo hemos hecho un buen papel y hemos sido bastante enfáticos, aunque no nos traguemos uno al otro. Te gusta o no te gusta, lo amas o lo odias, pero no esperes que tratemos de alimentar tu narcisismo»

(Sí, grabé la charla)

El amigo tuvo que aceptar mis razones.

Algo que yo veo mal es que los artistas mainstream han creado esa cultura de integrar al público de manera equivocada. Vamos, la Orquesta Sinfónica de Londres no va a invitar al público a subir al escenario y echarse un palomazo tocando los violines. Es lo pinches mismo, el artista debe trabajar un acto, desarrollarlo y madurarlo y eso cuesta mucho tiempo y mucho dinero, no es un chiste. Seas del tipo de músico que seas. Eso de que ponen a cantar a la gente o dejan que algún fulano del público agarre un instrumento de tu grupo me parece, aparte de corriente, muy mediocre, y aquello de integrarse con el público me parece una narrativa de idiotas que no saben lo que es ponerse a practicar un instrumento (y mucho menos comprar uno).

Así las cosas. Como le dije a mi camarada, si el odio que me profesan por allá deriva de que yo no soy el sujeto más amable y lindo del mundo, que se jodan, no tengo por qué serlo. Yo toco la guitarra y por eso me conocen y así es como está la situación. ¿Te gusta?, ¡Qué bien, gracias! ¿No te gusta?, ¡Qué bien, también! Afortunadamente siempre hay ofertas para todas las demandas pero a mí me aceptas como soy o no me aceptas, punto.

Solo para despedirme:

No, la foto del Mich con David Gilmour NO es inteligencia artificial. ¡No sean pinches envidiosos!

Es cuanto

Messy Blues

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