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sábado, 8 de agosto de 2026

Carta abierta a Alejandra Vera M.

Saludos Alejandra. Muchos años sin saber uno del otro, ¿no? Poco más de veinte, tal vez veinticinco, desde aquella vez en el juzgado en que me dedicaste una de tus más hostiles miradas porque yo iba a atestiguar...a favor del sujeto del que te habías divorciado. Lo que son las cosas, ese apoyo nunca me hizo justicia a mí.

No, no escribo para lavarme en redención ni para congraciarme contigo (no me congracio ni con quienes me estiman). En realidad es una reflexión derivada de algo que acabo de saber, nada del otro mundo pero sí muy peculiar considerando que ese divorcio fue consumado en 1999 —o 2000—, alrededor de veintiséis años y, al parecer, aún sigue el pleito. ¡A estas alturas ya no será por hijos si no por nietos!

Ignorando esa estúpida broma del párrafo anterior, trataré de hacer una reflexión sobre el tema y por qué me atañe a mí. No sería necesario si tú y aquel no me hubieran embarrado en todo el chisme. ¡Oh. sí!, Mickey vio la ventaja de que yo lo conocía desde 1976 (¡Ups!) y a mí me manejó una situación en la que tú querías despojarlo de TODO. Como buen idiota que soy, acepté pero tú tuviste la culpa.

En 1992 yo te rotulé dos camionetas de carga y traje a mi equipo de Celaya para hacerlo bien y tú me pagaste solamente la cuarta parte del trabajo, alegando cobro excesivo. Lo cierto es que esos vehículos quedaron muy bien (y tengo fotos) y yo tuve que pagar de mis bolsillos a esos muchachos que me ayudaron. Después te expresaste muy mal de mí, a mis espaldas (bueno, la mayoría de burgueses en Salvatexas son así). Tanto de lo poco que me pagaste como de tus opiniones tengo testigos de calidad (por si pensabas que realmente eran personas fiables).

Pero así eres tú, Alejandra. Como muchos apellidos viejos en Salvatexas, crees que pertenecen a una alcurnia descendiente de algún marqués Europeo y a una clase alta que en realidad no existe en Salvatexas. Algunos son herederos de gente que trabajó mucho y algunos más han trabajado duro para tener dinero, pero dinero no compra clase, y clase es lo que a todas luces les falta a esos pseudo burgueses. Pero no me trae al frente la idea de insultar, no a ti, porque no me nace. No al menos hoy.

Me quedé pensando en muchas cosas porque en parte es divertido que después de casi treinta años de separación aún haya peleas por equis o por zeta, cuando muchos que nos divorciamos después ya hasta olvidamos nuestros propios problemas. ¿Cuál es mi interés?, ¡ah, esa es la parte interesante!, porque aunque no lo creas te voy a hacer un poco de justicia. A pesar de que tú alegaste que mi tienda de abarrotes la había comprado Mickey y que también me había comprado una banda de rock.

Te equivocas, por cierto. La tienda la puse con la liquidación que recibí del ayuntamiento cuando Daniel Sámano Arreguín me despidió, y puedes preguntarle. La banda de rock la formé yo con mis alumnos de música y con los recursos de los propios elementos, y también tengo testigos y facturas, por si tú y el tarugo de tu abogado (el de ese entonces) quieren revisar.

Aún así, me utilizaste para intentar fastidiar a Mickey Lennon y Choco Ono (ya sabes a quiénes me refiero 😂)

Pero también entiendo un poco los por qué de tu conducta. Yo siempre te he caído mal, desde que mi abuela tenía su café, no supe por qué y sinceramente siempre me importó un carajo; así que, al convertirme en testigo de aquel también me convertí en objetivo legítimo de guerra y por supuesto que contabas con muchos comparsas que, sin conocerme, me odiaban aún más que tú. Pero incluso eso se volvió en tu contra porque no contabas con que también tengo simpatizantes y, en esos juzgados, no te soportaban. Estábamos a mano.

Hagamos un resumen de cómo sucedió el ir y venir:

1999.- Separación y conflicto. Mickey estaba solo y pernoctaba en la propiedad de la calle Juárez, frente al zócalo salvaterrestre. Ahí tuvo muchos amigos, algunos de ocasión, que solían llegar por el café invitado, mal opinar y, los hombres, a tratar de ligar con Liliana y Aurora (las empleadas del Mickey por ese entonces). Ah, sí; los del PRD también sacaron partido de la nueva libertad del susodicho.

2000.- Mickey no sabía la O por lo redondo y ambos comenzamos a experimentar con sus equipos de computación y, si bien cometí algunos errores, yo le eché a andar esa maquinaria (y también hay testigos). Cosa curiosa; por quedar bien con el yerno del abogado Raúl, tu ex se quejó amargamente diciendo que yo había hecho puras pendejadas. El tarado ese, el yerno, me llamó: Pendejo con iniciativa. Esa es la lealtad de mi buen amigo Mickey, quemar a sus amigos para limpiarse el trasero. Lo cierto es que, al final, seguí siendo yo quien le arreglara los problemas de sistema operativo y cosas así.

2002.- Cierto, yo puse una tienda que duró poco menos de un año y las razones de la quiebra no las voy a ventilar, aunque tienen nombre y apellido. En ese local (esquina de Independencia con Priv. del Silencio) había una habitación en la que, a veces, el susodicho pasaba la noche. No, nunca le permití meter a nadie.

En el inter: Sí, se hizo evidente que él estaba sosteniendo una relación. Legalmente ya estaba en la plenitud de derechos. aunque no nos guste a ti y a mí. Lo interesante es que Choco Ono comenzó a opinar que yo me estaba aprovechando del susodicho. Claro, si el susodicho me daba tres centavos por conectarlo a internet, al menos podía pedirle que me diera chance de hacer mis websites, ¿no?

2003.- Aquí es donde las cosas se ponen interesantes. El susodicho nunca, jamás, mencionó que yo busqué a tu hijo para que se reconciliara con él y, entre tanto, Choco y el susodicho comenzaron a planear el arribo de ella. Pero aquí está la trama fea. Mickey me enemistó con su contador Adrián (quien por cierto le salvó el trasero varias veces en esto del manejo de dinero -y en cómo evitar que tú lo supieras-) y ese Adrián y yo tuvimos un par de choques frontales por culpa de tu ex. La cosa estaba a punto de estallar, porque tu hijo llegó con su familia para trabajar en equipo con el susodicho.

2004.- Lennon y Ono comenzaron a utilizar a mi entonces consorte para hostilizarme a mí a base de chismes e inventos, y de pronto me convertí en el pendejo útil de ese negocio. Aquí lo curioso, no se atrevían a correrme pero contaban con que tu hijo y yo terminaríamos de la greña y eso daría pie a mi salida. Bondad graciosa. Fue mi ex la que terminó de pleito con tu hijo, y por supuesto que ni a Choco ni a Mickey les convenía correrla. ¿No es grosera la vida?

Adicional: Con tu hijo llevo una buena amistad. Él me enseñó a utilizar el Adobe Premiere (para editar videos) y me enseñó muchos trucos de Photoshop. Bien dijo alguna vez Stalin: El tirano nunca cuenta con que su mejor aliado razone bien, y por razones justas, con el enemigo.

2005.- Aquí fue donde todo valió sorbete. Como buenos tarugos que se impresionan con vidrios de color, Mickey y Choco le levantaron la cola al gringo Rod, porque era werito y porque era gringo y, como lo hice parte de mi grupo, entonces llegué a un acuerdo con Mickey; él nos dejaba tocar y no nos cobraba el café. Por si pensabas que nos pagaba, ni tú puedes creer eso. En esta parte de la historia fue que me pulverizaron con chismes e intrigas y, mira, pagué el karma (divorcio, pues).

A este punto surgieron varias cosas que ya sería difícil llevar por cronología pero quedaron al descubierto las manipulaciones de Choco que se convirtió en La Señora de la casa y quien llegó a excesos tales como:

1.- Correr a todos aquellos que habían apoyado al susodicho en tiempos de vacas flacas (y que le habían facilitado a ella el camino).

2.- Cobrarnos a los empleados hasta por las servilletas que usábamos.

3.- Exigirle a Mickey que me solicitara mis documentos que me acreditaran como Licenciado en Diseño Gráfico.

Este último punto es el más divertido de todos. Cierto, estaba en su derecho de pedirme acreditación. Semejante plan era la mejor idea de todas, o bien para hacerme correr, o bien para humillarme, Choco Ono se sintió muy lista (aunque pienso que alguien más, muy cobarde para darme la cara, le metió la idea). Así pues, un buen día, imagínate la voz de aquel sentado con su café frente a mí:

"Dice Choco que vamos a necesitar tus papeles de diseñador gráfico, Tonatiuh".

Ahora imagíname a mí con mi sonrisa de bastardo que tanto odias calculando cómo exactamente mandarlos a los dos a la chingada. No sabía exactamente por donde empezar, si por la mediocridad intelectual de ambos, por los recursos baratos de Choco o por la estupidez de él. Claro, ellos contaron con mi negativa, daban por hecho que yo haría un drama. Recuerdo que asentí lentamente y lo miré.

"¿Está seguro, Don Mickey? ¿De verdad quiere eso?"

Su respuesta fue como para no perdérsela.

"Sí, es que dice Choco que ya vamos a hacernos una empresa profesional, con gente capacitada"

No, Alejandra, por favor no te rías. El susodicho realmente estaba creyendo su argumento, realmente estaba convencido de que Choco era profesional. Bueno sí, ríete.

Acepté seguir el juego. Mencioné que llamaría a mi madre (que vive aquí en la capital) para ver si me ayudaba a tramitar la reposición, o al menos la acreditación, de mi título pero que eso me iba a costar una buena suma. Bien generoso mi amigo, se ofreció prestarme para descontarme con réditos cada semana. Tú y yo sabemos que él no me iba a soltar ni un quinto y que él creía que yo le daría largas al asunto, pero me levanté, pagué una llamada larga distancia, hablé con mi madre y aquel no daba crédito. Lo que le agregué lo dejó fuera de combate.

"Listo, Don Mickey. Solo que, ahora que vamos a formalizar la cosa. Claro que le entregaré copias de todo eso. Ya sabe, título, cédula, etcétera, pero entonces vamos a hablar de un salario de profesionista, ¿no? Si quiere por honorarios y facturas, con impuestos y todo. Pero si prefiere, nos quedamos en términos medios, no tan alto el salario y como empleado de nómina, y hablamos de las prestaciones de ley, ¿no? Eso me sirve para inscribir a mis hijos como beneficiarios"

Exacto, Alejandra. Después de eso, ni Mickey ni Choco volvieron a tocar el tema. De hecho, por desquite, corrieron a su compadre Raúl y su esposa María, que trabajaban como cocineros, y tú fuiste la excusa. En teoría, tú lo demandaste por gastar dinero en empleados innecesarios y no pasar nada para la educación de la única hija menor que aún tenían.

La cereza del pastel, para que disfrutes esto, el susodicho me dijo que me tenía empleado por lástima. Si es capaz de decirle eso a quien lo levantó, no quiero imaginarme tus propias razones para estar resentida.

Como dije, no me quiero congraciar ni contigo ni con nadie, pero hay un principio entre mis códigos de ética que dice: Entre contrarios puede haber confrontación pero el honor es un valor, y no una moneda de cambio. Y aquí es donde cobra importancia mi carta pública dirigida a ti.

Me sigues pareciendo una persona pedante y yo sigo siendo ese hijo de la guayaba que todos odian por allá... bueno, toda la crema y nata; pero es cierto que si alguien trabajó para darle un nombre y mantener el alto a Salvatierra Foto, esa fuiste tú. Desde 1976 te fletaste a levantarte temprano y dar lo mejor que pudiste.

Es cierto que sacrificaste tus mejores años en pro de una empresa que no solo levantó al indiciado, le ayudó a todo el mundo. Esa empresa que aún insisten en quitarte.

Es cierto que tú invertiste la vida misma por el patrimonio que ahora tienes y es cierto también que como madre diste TODO y jamás abandonaste a tus hijos. Soy amigo de tu hijo, y me honro de ello, y es un hombre que se ha ganado a pulso lo que tiene y eso se lo enseñaste tú.

Yo puedo ser todo un bastardo si tú quieres pero también me sé quitar el sombrero cuando veo esos valores de familia. En resumen; tú has sido más madre de lo que mucha gente en Salvatexas quisiera poder presumir y ante eso, señora Alejandra, levantaré siempre mi copa a tu salud.

No es poderoso quien más ofende, sino quien mejor reconoce.

Respetuosamente (aunque medio en mi tono)

Messy Blues

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