martes, 26 de junio de 2018

La sombra del monstruo

Andrés Manuel, el Peligro para el México de la política manipuladora
Bueno. En toda la jornada no me metí en la política, ya lo mencioné, por respeto, y aún que soy un sujeto de izquierda no me la pasé defendiendo ni a Andrés Manuel López Obrador ni a nadie, de hecho. Sin embargo creo que sí ya llegó mi momento de expresarme al respecto y es en el tenor de reconocer la obvia ventaja del candidato de Morena y el evidente pánico de Ricardo Anaya ante una ya eventual victoria de aquel. Siendo realistas muchos podrán argumentar que las encuestas no deciden una victoria pero sí es verdad que la definen por tendencia. Ciertamente si el de la ventaja fuera Anaya esos muchos opinarían diferente.
Sólo hay dos opciones de que AMLO no sea presidente, un milagro para Anaya o el fraude y es aquí donde surge la realidad. Nadie que sea inteligente va a defender a Acción Nacional, mucho menos al PRI, y no podrán argumentar nada que favorezca el régimen de Vicente Fox ni el de Felipe Calderón, ambos inclinados abiertamente a las minorías de clase alta y gobernando de una manera más bien mediocre. Del PRI está por demás mencionar siquiera alguna virtud.
Pero las cosas son más complejas de lo aparente. Andrés Manuel López Obrador tuvo 12 años para evidenciar que nuestros gobiernos han sido perniciosos y de dejar al menos la duda general de que en el 2012 hubo fraude pero no dejó duda alguna de que en el 2006 hubo tal fraude, al menos yo así lo creo. En esos 12 años Andrés Manuel hizo una campaña permanente abarcando dos generaciones distintas y las hizo voltear a la misma dirección, los hizo tener el mismo enfoque y realmente creó al tigre que podría saltar con furia si se diera un fraude. El mismo tigre que no morirá si a López Obrador le respetan el triunfo, el mismo que vigilará al tabasqueño en cada mínimo detalle.
Pero definir a tres candidatos en un resumen no es asunto fácil. Primero debemos tomar en cuenta que Andrés Manuel López Obrador es un personaje social con ambos niveles de óptica externa, es decir, por un lado es visto como una suerte de líder y guía que llevará, en teoría, a México a un nivel de potencia y hará que los pobres dejen de ser pobres y los ricos sean más ricos. Esto de acuerdo a como lo ven sus incondicionales seguidores Por el otro lado López Obrador es visto como un demente demagogo, parásito de su partido, obsesionado por el poder y peligroso como funcionario pero irónicamente es quien en este momento, al escribir esto, marca una clara ventaja dentro de encuestas que muchos dicen que no sirven pero curiosamente realizadas por empresas que podrían ser parte del enemigo que, dicen, persigue AMLO. Pero más allá de encuestas y suposiciones es bien cierto que el tabasqueño ha merecido que las campañas de Ricardo Anaya y José Antonio Meade se centren en destruirlo a él (cosa que consiguió el efecto opuesto curiosamente) y, tomando en cuenta, repito, eso y que el señor López ya tiene, entre broma y broma, casi una cuarentena de años dentro del ambiente político, se debe aceptar que estas elecciones son el resultado de los previos contubernios de derecha que entramparon su camino a partir del famoso desafuero de 2004.
Considere apreciable lector al más fuerte de sus opositores, Ricardo Anaya Cortés, quien de la nada surgió hasta las más altas esferas de poder de un partido que se caracteriza por ser conservadoramente variopinto, empresarial, de clase alta por lo general y que solamente desciende al Lumpen en tiempos electorales. Anaya pisoteó la dignidad no solo de la gente que lo cobijó en el partido, también humilló al partido mismo valiéndose de las prostituyentes alianzas con un partido de izquierda que siempre se conformó con las migajas con tal de no perder presencia, el PRD y que está conformado con toda la clase opuesta al PAN, la gente de "a pie" que se desempeña a diario en mercados, transporte público y arengas de vecindario, en contraste con las compras con tarjeta American Express, autos de lujo y residencias palaciegas del partido conservador. Para Anaya la imaginación fue el límite y el caballero ha probado tener una imaginación pródiga en una mentalidad infernal y demoniaca (o qué le dicen a usted su mirada y su sonrisa tipo Chucky?) y por consecuencia pasó como tanque de guerra por encima de quien se le pusiera enfrente logrando que mucha disidencia del PAN hiciera lo que hace doce años pareciera imposible, pasarse al lado de Andrés Manuel López Obrador, otrora su archinémesis jurado, el Peligro para México, el enemigo a vencer. Anaya demostró mucha capacidad para lograr sus objetivos, de eso no hay duda, pero cometió muchísimos errores de cálculo y un gran error, garrafal, que en la política jamás debe cometerse, pasar por alto que los políticos carecen de ética y moral pero no de memoria. Esos errores al final terminaron sacando al verdadero Ricardo Anaya, confrontativo, pendenciero, conflictivo y en pie de guerra. Dicen los psicólogos que cuando un mitómano se enfada porque no se le cree una mentira, intenta por todos los medios de convencerse primero él o ella mismo o misma de que esa mentira es real. Eso sucedió con Ricardo Anaya Cortés, el mismo pequeño animador de intermedio enfundado en su traje de niño que sonreía dócil hace ocho meses en el Ex Convento de San Hipólito cuando dio su conferencia de "Ciudadanos Opinan" que no era otra cosa que la preparación de la campaña más hitleriana conocida en México para lanzarlo a él como candidato a la presidencia (Octubre de 2017), el mismo que ahora desdibujó su expresión de triunfo en una sonrisa tétrica y hostil que parece retar al mandatario Peña Nieto a tratar de meterse con él, de acuerdo a su teoría de conspiración de que Andrés Manuel y Enrique Peña se han asociado en su contra.
Luego tenemos a José Antonio Meade, un ex canciller que ha probado capacidad administrativa pero también ser bastante sobón con el que paga el bisteck, trátese del PAN o trátese del PRI, para Meade no importa mucho cual de los dos, basta y es suficiente con que sean los poderosos. Esta lealtad ambigua a ambos partidos parecía dejar la idea de que Meade en realidad no era partidario sino un sujeto interesado en sacar al país adelante. Para un gusto personal de quien escribe, Meade es el caballero, el de los modales, el correcto, el bien portado pero también es el tibio, el fiel soldado presto a la orden del general (en este caso el PRI) y el que bien pudo haberse lanzado protegido por el PAN y por ello en este momento estaría bastante cerca de López Obrador en aceptación. Meade es el típico e infaltable "Comparsa" de una elección, el patiño con el que el puntero y el segundo lugar juegan a la pelota y a través del cual uno al otro se insultan y se hacen descalificaciones sin tener que confrontarse a cada rato. Mal papel del señor Meade ponerse justo en el medio de una guerra entre un mequetrefe como Anaya y un político como López Obrador. Al margen de que sea o no un Peligro para México, calificativo que jamás se probo, por cierto.
Y hay un fenómeno adicional. Pareciera que los enemigos de AMLO apuestan casi la vida, o al menos la fortuna, para que el tabasqueño no llegue a ser presidente y de hecho han creado una obsesión entre los seguidores del blanquiazul (y sus aliados temporales) que, sin conocer realmente a AMLO, se unen a las huestes de linchamiento azuzando a más gente a cometer escarnios vía redes sociales y un activismo de descalificación que solo consigue dejarlos en peor plan que lo que quieren lograr con el líder de MORENA. En contraparte tenemos a muchos amlofans que también cometen cada burrada (como asumir que EPN privatizó el agua y, peor, algunos hasta aseguran que quiere privatizar el aire, válgame!. Hubo quienes hicieron la broma de que en el partido México-Corea EPN privatizó el Ángel de la Independencia). Pero retomando el enfoque hacia las elecciones, es bien cierto que Andrés Manuel ha merecido que se concentre en su contra la élite de políticos que por años han manipulado el poder en México, como Diego Fernández de Cevallos por ejemplo, y al mismo tiempo que se le una a favor otra élite de conservadores duros y de probada integridad política como Manuel Espino, Gabriela Cuevas y Germán Martinez, solo por mencionar algunos.
Para críticos como Jorge Castañeda y Pablo Hiriart, el ascenso de AMLO es un error colectivo que no se verá consumado el próximo 1 de julio ya que, dicen, las encuestas no dicen nada. Para ellos es más real que el New York Times o el Washignton Post hagan análisis sobre un populista y peligroso político y con ello respaldan su hipótesis de que AMLO realmente no ganará. Hay una histeria colectiva adicional de que el gobierno cometa nuevamente un fraude y en realidad la guerra de Anaya hacia Peña Nieto sea un mero telón de fondo para despistar. Es curioso ver como muchos "expertos políticos" aseguran conocer a "alguien cercano al poder" y que saben de buena fuente que "No lo dejarán llegar". El tipo de campañas de terror psicológico que ayudó en 2006 a que Felipe Calderón usurpara el poder, como es sabido. Pero también las huestes lopezobradoristas resultan un ejército de soldados rasos que suelen pelear e insultar a todo aquel que no simpatice con el tabasqueño de igual manera que los anayistas no desaprovechan oportunidad para demeritar a Andrés Manuel. Lo cierto es que hasta el día de hoy, cinco días antes de la jornada electoral, Andrés Manuel López Obrador lleva la delantera.
Ahora bien. Un tranquilizante con la misma capacidad de un fuerte diazepam es, para PRI y PAN, que el voto útil, el de los indecisos, que por cierto me deja pensando en que el voto ya decidido pudiera ser voto inútil, según su apreciación, pudiera, ese voto útil, representar un vuelco en la tendencia y que a la mera hora AMLO perdiera frente a Ricardo Anaya, o bien frente a Meade, pero lo cierto es que el voto útil, que sí se va a ejercer, no completaría a ninguno de ambos para alcanzar al puntero Andrés Manuel, suponiendo que el voto útil se inclinara a favor de uno solo de ellos. Este voto indeciso, más el voto voluble (el que dijo estar con AMLO pero a la mera hora cambia), se repartirá entre Anaya, Meade y el bufón del juego, Jaime Rodríguez, el Bronco. Aún si las empresas temerosas hacen tanto énfasis en que AMLO es un peligro para México, sentencia que aburre más aún que la de "La mafia del poder".
De Meade no cabe duda el nivel de su capacidad pero sí su alcance como político ya que el caballero no sabe jugar metiendo zancadillas, Anaya se sabe todas las zancadillas y AMLO aprendió a defenderse de tales zancadillas. Por cierto, yo mismo opino que al Peje no se le da la oratoria pero es que lo suyo no es venderle ideas al pueblo, lo suyo es trabajar en lo que predica, ahí la diferencia. AMLO ha recorrido todo el país, ha tratado a la gente de mano, ha escuchado al pueblo y de hecho conoce su posición frente a un monstruo con el que no puede ponerse a las patadas fácilmente (la delincuencia). Andrés Manuel puede ser todo lo malo que sus contrincantes puedan alegar y señalar pero definitivamente es el único de todos ellos que sabe lo que es y cómo funciona cada polo de desarrollo y sabe que para enfrentar la inseguridad el peor método es la confrontación violenta, asunto del que han sacado de contexto la esencia y con el que han tratado de hundirlo, cabe decir.
Pero el señor de la izquierda no la tiene tan fácil como muchos quisiéramos creer. AMLO tendrá solamente seis años para justificar su argumento metamorfoseado en doce y tendrá que cumplir el cambio que Fox no cumplió del 2000 al 2006, aparte de que tendrá que conseguir el equilibrio socioeconómico que ni el PRI en setenta y tantos ni el PAN en doce pudieron ni tuvieron capacidad ni voluntad de lograr. Se convirtieron ambos en agencia de colocación y bolsa de trabajo para demasiados zánganos que incluso hoy cobran del erario sin trabajar.
Andrés Manuel López Obrador tiene un eventual y obvio triunfo en el horizonte pero también tendrá el México más complicado en toda su historia. Viene la parte en la que su argumento de "Combatiendo a la corrupción" no será ni válido ni sustancial. Aunque tiene una carta a favor, la generación adulta arriba de los 40 es la que hace 17 años fue menospreciada por el foxismo y ya era emprendedora y la generación arriba de los 18 odia la dependencia y el paternalismo manipulador que hicieron característicos al PRI y al PAN. Tiene AMLO un momento de encrucijada porque la ventaja de contar con una población de iniciativa puede ser positiva sí la sabe manejar pero por otro lado tiene el compromiso más grande y complicado del mundo: cumplir lo que prometió por doce años.
Es cuanto.
Messy Blues
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