Aquellos ajustes de la autoestima
Nota: Los nombres aquí mencionados son pseudónimos -o sea, no son los verdaderos- con la finalidad de no exponer a NADIE ya que este post tiene mas finalidades filosóficas que personales o políticas. Gracias.
Recientemente tuve el privilegio de reencontrarme con un par de amigos, uno de la infancia, el otro también conocido de la época pero del que me hice realmente amigo cuando, ríanse si quieren, estuvimos juntos en un retiro espiritual (sí, de recordarlo yo mismo me desternillo) del ultraderechista "Movimiento de Jornadas de Vida Juvenil". La cosa es que a ambos, entre ellos compadres, me los encontré por estos lares ya que sus respectivos negocios requieren de ciertas compras con proveedores de La Merced y Central de Abastos entre otros sitios de tradición y casta en la ciudad mas bella, hermosa, honorable y grande del mundo... árdale a quien le arda. Total, el encuentro mereció vitores, abrazos, cafecito y unos cigarros ahí en la alameda central -aunque el único que fuma soy yo- y largas y extensas -y sorpresivas- charlas.
Mi amigo de la infancia es comerciante en grande, como el otro, es abarrotero pero no a nivel Miguel Lanuza ni mayoristas como él sino mas bien a nivel distribuidor regional. Mas me enfocaré a mi amigo Chucho, el que traté en la ultraderecha religiosa, cuya familia posee dos puestos en el mercado Hidalgo, algunas tiendas en cierto corredor agropecuario que va de Salvatierra a un municipio vecino y un local, grande, en la central de abasto de Celaya. Él es un tipazo hablando moralmente como persona; es robusto, usa anteojos y barba y su corte de cabello que alguna vez se reprimía y mantenía al máximo porque en casa no le permitían el cabello largo, finalmente ha crecido un poco aunque también lo hizo el tiempo en su cara, en las canas prematuras y en una tristeza que no puede esconder a pesar de que sonríe nerviosamente la mayoría del tiempo; como para ser agradable y no molestar, como para no meterse en problemas o no comprometerse a ser o estar en una situación complicada y/o conflictuada -así como las que acostumbra un servidor de ustedes-. Da la apariencia de tener la obligación de complacer a todo el mundo y su mirada es huidiza. Abiertamente lo da todo por la gente que él aprecia y, si bien se le ha escapado mucho de su vida, también se ha dado gustos caros complaciéndose a él mismo y eso me da gusto. Él vino al concierto de Paul Maccaca (McCartney) hace dos años y acaba de asistir al de Ringo, que se acaba de llevar a cabo en el Auditorio. Tiene una envidiable colección de discos de buen rock clásico -casi todo de Beatles y Rock Progresivo- y tiene una curiosa afición por las luchas de la WWE -afición que yo mismo he comenzado a tener-.
Salvador, el otro amigo, es esclavo del gimnasio, educado a la mejor manera tradicional y a la vez de ideas abiertas; le gusta la lectura y fue alumno de mi amigo Polo Franco en filosofías de neurolingüística, cabe decir, afición que también comparto con ambos desde hace mas o menos diez años. Por un tiempo hace diez años estuvo aquí en el DF manejando junto a los Liverant el website de Crash Fuego Blanco y ambos amigos me apoyaron mucho durante la primer etapa de mi divorcio que fue la mas dura y desgastante moralmente hablando.
El caso es que durante estas recientes charlas con ellos hicimos bromas y recordamos muchas cosas pero Chucho me intrigaba mucho. Repentinamente parecía distante escondido en su sonrisa melancólica y sus anteojos de intelectual. Parecía que escapaba a un mundo privado en el que solo él podía estar tranquilo sin que nada lo dañara. Muy raro el asunto y noté que cuando tocábamos el asunto de "En ese entonces" o hacíamos alusión a la edad de los tres, él se quedaba reflexivo, como si algo le preocupara o le pusiera mal, vamos, como si la edad y su inevitable avance le asustara pero al mismo tiempo como asumiendo de conformidad todo eso. Como si algo quedara pendiente o como si la vida lo estuviera dejando de lado mientras el mundo continuaba girando.
En esos días Salvador fue a donde trabajo a revelar unos rollos - muchos de estos de las fotos que nos tomamos en Alameda- y salí un rato a tomarme un refresco con él. Le mencioné mi sentir y fue que me platicó que a Chucho la vida no lo ha tratado mal ciertamente pero la gente que le rodea se ha aprovechado demasiado de él. Recuerdo que cuando comencé a tratarlo, su familia -padres, hermanos, etc.- lo criticaban mucho, lo querían era verdad pero lo descalificaban con frases como: "este no es es capaz", "cuando podrá este hacer tal o cual cosa," "con lo burro y animal que es este" o "naah, para que este haga cosas como esas está cañón", frases tan motivadoras como las que menciono rodearon por mucho tiempo a Chucho, luego entonces Salvador me mencionó que su propia familia -la que él fundó- no era muy diferente y que ahora le afectaba que sus propios le dijeran cosas como "tú ya estás viejo, qué nos vas a entender?", "ya chocheaste" o "ya pasó tu tiempo viejo" así que de repente las canas, ciertas arrugas y hasta problemas de salud hicieron su parte en la virtual desesperación de Chucho que, dice Salvador, está preocupado por la vida y por el riesgo de no poder darles a sus hijos una educación adecuada. Añádanle la vieja tara de muchos amigos míos con una consorte que se la pasa desmotivándolo igualmente cada tiro por viaje.
Según la neurolingüística uno es lo que uno se programe ser, así que absorber la falsa eduación y el culto a los valores materiales así el como creerse ser "la piltrafa" que de chicos nos hacen creer que somos y si uno no se reprograma entonces se arrastran vicios mentales que finalmente nos confinan a convertirnos en ancianos, no viejos que no es lo mismo sino ancianos. Bien dicen que la ancianidad es mas una edad mental que física. Solo vean a esas personas mayores que aún bailan y echan relajo plenos de alegría y satisfacción en comparación con los muchos jovencitos entregados a la anarquía y a la apatía de un mundo carente de valores educados por la nefasta televisión. Si uno como persona reprograma la concepción de sí mismo y mejora los canales, entonces uno se transforma y comienza el progreso personal que por consecuencia lleva al éxito global.
El día que mis amigos tenían que partir de regreso a Salvatierra vinieron a verme y me invitaron nuevamente un café del "Seven Eleven -Thanks heaven!-" tomado en Alameda acompañado de una torta de milanesa y volvimos a charlar pero esta vez no me aguanté y solté mi dardo envenenado asumiendo las consecuencias. Le pregunté a Chucho el por qué de su estado y le cuestioné su actitud. Sonrió nuevamente muy tímido y se sonrojó. Reía nerviosamente y me hizo ver que ya tenía muchas canas, que había "echado panza", que las arrugas ya le asomaban en las "patas de gallo" y hasta me enseñó su papada. Añadió diciendo: "estoy envejeciendo y ni cuenta me di de cuando comenzó a suceder". Se puso serio, muy serio y su mirada esta vez firme y mas triste aún, se clavó en mí añadiendo: "Creo que me quedé sin hacer muchas cosas".
Salvador esta vez no hizo bromas, sorbió su café y dijo que "todos estamos envejeciendo man" pero nos hizo ver que a él eso le tenía sin el menor cuidado. Pasé mi mirada por todo lo que me rodeaba, observé cuidadosamente y me volví a mirar a Chucho con una sonrisa que incluso me hizo sentir bien a mí mismo para tirarle el siguiente discurso -incluyo mi florido y folklórico lenguaje personal-:
Un par de días después cuando ya estuvieron allá en el rancho, Chucho me envió un correo de agradecimiento en tanto Salvador uno de respeto pero a ambos les contesté que, como ya dije, el que tenía el honor de contar con ellos era yo y que reiteraba lo dicho: las cosas de la vida no se esconden ni nos averguenzan, se deben guardar en el corazón ya que si de verdad cree uno en Dios esa es la verdadera manera de demostrarlo y no siendo hipócritas intolerantes dándonos golpes de pecho para que los demás nos vean.
Lo mejor de uno se guarda en el corazón para que los demás puedan verlo y compartirlo
Este posteo ha sido escrito con todo cariño a quienes han demostrado ser verdaderamente amigos míos.
Es cuanto
Messy Blues
Salvador, el otro amigo, es esclavo del gimnasio, educado a la mejor manera tradicional y a la vez de ideas abiertas; le gusta la lectura y fue alumno de mi amigo Polo Franco en filosofías de neurolingüística, cabe decir, afición que también comparto con ambos desde hace mas o menos diez años. Por un tiempo hace diez años estuvo aquí en el DF manejando junto a los Liverant el website de Crash Fuego Blanco y ambos amigos me apoyaron mucho durante la primer etapa de mi divorcio que fue la mas dura y desgastante moralmente hablando.
El caso es que durante estas recientes charlas con ellos hicimos bromas y recordamos muchas cosas pero Chucho me intrigaba mucho. Repentinamente parecía distante escondido en su sonrisa melancólica y sus anteojos de intelectual. Parecía que escapaba a un mundo privado en el que solo él podía estar tranquilo sin que nada lo dañara. Muy raro el asunto y noté que cuando tocábamos el asunto de "En ese entonces" o hacíamos alusión a la edad de los tres, él se quedaba reflexivo, como si algo le preocupara o le pusiera mal, vamos, como si la edad y su inevitable avance le asustara pero al mismo tiempo como asumiendo de conformidad todo eso. Como si algo quedara pendiente o como si la vida lo estuviera dejando de lado mientras el mundo continuaba girando.
En esos días Salvador fue a donde trabajo a revelar unos rollos - muchos de estos de las fotos que nos tomamos en Alameda- y salí un rato a tomarme un refresco con él. Le mencioné mi sentir y fue que me platicó que a Chucho la vida no lo ha tratado mal ciertamente pero la gente que le rodea se ha aprovechado demasiado de él. Recuerdo que cuando comencé a tratarlo, su familia -padres, hermanos, etc.- lo criticaban mucho, lo querían era verdad pero lo descalificaban con frases como: "este no es es capaz", "cuando podrá este hacer tal o cual cosa," "con lo burro y animal que es este" o "naah, para que este haga cosas como esas está cañón", frases tan motivadoras como las que menciono rodearon por mucho tiempo a Chucho, luego entonces Salvador me mencionó que su propia familia -la que él fundó- no era muy diferente y que ahora le afectaba que sus propios le dijeran cosas como "tú ya estás viejo, qué nos vas a entender?", "ya chocheaste" o "ya pasó tu tiempo viejo" así que de repente las canas, ciertas arrugas y hasta problemas de salud hicieron su parte en la virtual desesperación de Chucho que, dice Salvador, está preocupado por la vida y por el riesgo de no poder darles a sus hijos una educación adecuada. Añádanle la vieja tara de muchos amigos míos con una consorte que se la pasa desmotivándolo igualmente cada tiro por viaje.
Según la neurolingüística uno es lo que uno se programe ser, así que absorber la falsa eduación y el culto a los valores materiales así el como creerse ser "la piltrafa" que de chicos nos hacen creer que somos y si uno no se reprograma entonces se arrastran vicios mentales que finalmente nos confinan a convertirnos en ancianos, no viejos que no es lo mismo sino ancianos. Bien dicen que la ancianidad es mas una edad mental que física. Solo vean a esas personas mayores que aún bailan y echan relajo plenos de alegría y satisfacción en comparación con los muchos jovencitos entregados a la anarquía y a la apatía de un mundo carente de valores educados por la nefasta televisión. Si uno como persona reprograma la concepción de sí mismo y mejora los canales, entonces uno se transforma y comienza el progreso personal que por consecuencia lleva al éxito global.
El día que mis amigos tenían que partir de regreso a Salvatierra vinieron a verme y me invitaron nuevamente un café del "Seven Eleven -Thanks heaven!-" tomado en Alameda acompañado de una torta de milanesa y volvimos a charlar pero esta vez no me aguanté y solté mi dardo envenenado asumiendo las consecuencias. Le pregunté a Chucho el por qué de su estado y le cuestioné su actitud. Sonrió nuevamente muy tímido y se sonrojó. Reía nerviosamente y me hizo ver que ya tenía muchas canas, que había "echado panza", que las arrugas ya le asomaban en las "patas de gallo" y hasta me enseñó su papada. Añadió diciendo: "estoy envejeciendo y ni cuenta me di de cuando comenzó a suceder". Se puso serio, muy serio y su mirada esta vez firme y mas triste aún, se clavó en mí añadiendo: "Creo que me quedé sin hacer muchas cosas".
Salvador esta vez no hizo bromas, sorbió su café y dijo que "todos estamos envejeciendo man" pero nos hizo ver que a él eso le tenía sin el menor cuidado. Pasé mi mirada por todo lo que me rodeaba, observé cuidadosamente y me volví a mirar a Chucho con una sonrisa que incluso me hizo sentir bien a mí mismo para tirarle el siguiente discurso -incluyo mi florido y folklórico lenguaje personal-:
"Pues verás mi Chucho. Entiendo tu preocupación porque es natural, es una crísis por la que todos pasamos. Entiendo tu conflicto y tu drama pero creo que la edad es lo contrario de lo que la mayoría de la gente "moderna" cree. Mira lo que nos rodea, esos niños jugando pelota, esos enamorados sentados bajo los árboles comprando dulces y chucherías; mira ese "tira" -policía- haciéndose pendejo con la que yo supongo es una sirvienta de casa clasemediera. Mira esos caballos en pleno centro de la ciudad de México; mira esos chavos patinando a la orilla del parque y a esos mimos tratando de obtener una moneda. Ve la torre latinoamericana que a pesar de ya no ser la mas grande se mantiene con dignidad saludando a propios y extraños. Mírate a ti mismo sentado aquí charlando conmigo y con Salvador. Vamos, acabas de ver un concierto que muchos hubieramos querido ver, nada menos que el último Beatle que pudimos haber visto en concierto, tienes un gran negocio y puedes hacer muchas cosas que personas de veinte años quisieran hacer.En ese momento ambos me miraban perplejos y continué
No se qué pase por tu cabeza pero la edad es para mí un premio. Tú y yo estamos hablando de cosas que sucedieron hace veinte años precisamente y las seguimos disfrutando, ¿cuanta gente hubo que no tuvo la oportunidad de ello?. Cada año que pasa es una oportunidad de crecer y ser mejor y creo que los años no deberían esconderse como es el vicio de la gente vanidosa, los años deben tomarse, ordenarlos y guardarlos en el corazón para que todo mundo pueda asomarse y aprender de esa experiencia"
"Así es la cosa mi Chucho, toma esos años de oportunidades y aprendizaje y guárdalos en tu corazón porque son tuyos, Dios te los regaló y eso debes apreciarlo"Chucho bajó la mirada y las lágrimas comenzaron a rodar desde sus mejillas hasta su sweater fino. Salvador y yo lo abrazamos cuando en ese momento un par de caballeros, al parecer ejecutivos, comenzaron a aplaudir. Habían escuchado mi soliloquio y nos felicitaron por ser unos amigos muy unidos. Ustedes dirán que me tiro mis guayabazos pero en ese momento me sentí orgulloso de ser como soy y honrado de tener amigos como Chucho y Salvador.
Un par de días después cuando ya estuvieron allá en el rancho, Chucho me envió un correo de agradecimiento en tanto Salvador uno de respeto pero a ambos les contesté que, como ya dije, el que tenía el honor de contar con ellos era yo y que reiteraba lo dicho: las cosas de la vida no se esconden ni nos averguenzan, se deben guardar en el corazón ya que si de verdad cree uno en Dios esa es la verdadera manera de demostrarlo y no siendo hipócritas intolerantes dándonos golpes de pecho para que los demás nos vean.
Lo mejor de uno se guarda en el corazón para que los demás puedan verlo y compartirlo
Este posteo ha sido escrito con todo cariño a quienes han demostrado ser verdaderamente amigos míos.
Es cuanto
Messy Blues
3 comentarios:
No es mi llanto, es el humo del cigarrillo que me hace llorar....
Payaso...
Qué onda mayestro tons qué con el proyeito?
a cuàl de todos los proyeitos te refieres? te mandè hace poco un meil... si lo leyites?
Si te llegò la revista pdf? a quienes puedo les pregunto por que contratè el servicio de envìo masivo por parte de una empresa y segùn el sistema contratau, de 5200 correos llegaron a su destino 4700 bien, o algo asi...
Mandame articulos exclusivos ome, pa meterlos, ya esta en proceso la otra. Es que asi PDF es mas facil sacarla (la revista) cada mes, por que no hay que andar viendo jetas de patrocinadores...
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